Álex de la Iglesia ha despertado nuevamente el interés de los amantes del cine al relatar una de sus anécdotas más particulares: la velada que compartió con Quentin Tarantino en el marco del Festival de Cine de Venecia.
El cineasta español, conocido por películas como El día de la bestia y Las brujas de Zugarramurdi, se reunió con Tarantino mientras este formaba parte del jurado del evento. De la Iglesia acudió ilusionado, especialmente tras saber que al director estadounidense le habían gustado sus filmes. No obstante, esa noche resultó ser mucho más intensa de lo esperado.
Una cena centrada en el cine
En una entrevista con el crítico Carlos Boyero, De la Iglesia explicó que Tarantino mantuvo la conversación en torno al cine durante toda la cena. Al principio, esta situación le pareció fascinante; sin embargo, pronto se percató de que el estadounidense estaba totalmente inmerso en su pasión por el séptimo arte.
“Es un problema. Es una persona que solo habla de cine”, recordó De la Iglesia sobre ese encuentro.
La charla comenzó con gran detalle: mientras disfrutaban de unas croquetas, Tarantino le preguntó por una película española de los años setenta ambientada en Sevilla, de la cual De la Iglesia no tenía conocimiento.
El conocimiento enciclopédico de Tarantino
El director vasco quedó impresionado con la memoria casi ilimitada de Tarantino. Éste no solo mencionaba títulos clásicos conocidos, sino también filmes poco comunes, olvidados y de géneros muy específicos.
Uno de los momentos más llamativos fue cuando Tarantino comenzó a hablar sobre películas de judo, un subgénero que De la Iglesia admitió no conocer.
Posteriormente, la conversación giró hacia thrillers españoles de la década de los sesenta y películas prácticamente desconocidas. Lo que inicialmente parecía una charla apasionante se convirtió en una avalancha de referencias difíciles de seguir.
«Desde el segundo plato ya quería marcharme»
La intensidad con la que Tarantino abordaba el tema terminó abrumando a Álex de la Iglesia. El cineasta confesó que esperaba un diálogo más personal, quizá acerca de rodajes, actores o vivencias con figuras como Mira Sorvino o Jackie Brown.
No obstante, la conversación permaneció centrada en aspectos muy particulares del cine. Así, De la Iglesia resumió la situación con humor: “Desde el segundo plato ya quería marcharme porque no podía más”.
La dedicación absoluta de Quentin Tarantino
Esta anécdota evidencia una de las características más conocidas de Tarantino: su profunda pasión por el cine. Su filmografía está repleta de referencias, homenajes y guiños a géneros variados, desde spaghetti western y cine negro hasta artes marciales y cine de serie B.
Para Álex de la Iglesia, esa entrega total es admirable, aunque también resulta agotadora. Reconoció que Tarantino es carismático y entretenido, pero describió su obsesión cinéfila como algo abrumador.
Dos cineastas unidos por su amor al séptimo arte
A pesar de que la cena no fue lo que esperaba, la historia evidencia el respeto mutuo entre dos directores con universos muy definidos. Tanto Tarantino como De la Iglesia han desarrollado carreras caracterizadas por el exceso, el humor negro, la violencia estilizada y una visión reconocible del cine.
La diferencia, según De la Iglesia, es que Tarantino parece vivir inmerso en el cine incluso cuando no está rodando.
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