Tras la resolución judicial del ‘caso Plus Ultra’, los expertos en relaciones institucionales defienden la validez de su trabajo frente al tráfico de influencias y lamentan la paralización de la ley de transparencia.
MADRID – La imputación reciente del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el ‘caso Plus Ultra’ por supuestos delitos de tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental, ha generado un impacto significativo en el ámbito de los lobbies en España. Los especialistas en relaciones institucionales han respondido reivindicando la legitimidad de su profesión y solicitando nuevamente la aprobación urgente de una regulación clara que delimite sus actividades y mejore su reputación pública.
Irene Matías, vicepresidenta de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI), enfatizó la diferencia entre la representación y las conductas ilegales: “Existe una gran distancia entre un ‘lobby’ y el tráfico de influencias, que es un delito definido en el Código Penal y caracteriza por pagos ocultos y el uso indebido de una posición privilegiada; esta práctica queda totalmente alejada de la representación legítima de intereses”, explicó en una entrevista con la Agencia EFE.
La repercusión de los estereotipos sobre las “puertas giratorias”
Casos mediáticos como la investigación a Zapatero o antecedentes relacionados con firmas fundadas por ex altos cargos —como Equipo Económico, liderada por el exministro Cristóbal Montoro— reavivan periódicamente las dudas sobre todo el sector. Las organizaciones profesionales expresan su preocupación porque la opinión pública asocia estos casos al estereotipo del expresidente o exministro que actúa en círculos de poder sin supervisión, distorsionando una profesión que en España cuenta con un alto nivel académico (el 99% posee estudios universitarios, principalmente en Ciencias Políticas o Derecho).
El descontento también ha llegado al ámbito político. Esta semana, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, manifestó la inquietud en el Parlamento al cuestionar públicamente cuál es el límite que distingue el ejercicio legítimo de los grupos de interés de las conductas delictivas vinculadas al tráfico de influencias.
Una ley esencial paralizada en el Congreso
La principal demanda del sector es reactivar la ley de transparencia e integridad en las actividades de los grupos de interés, cuyo proyecto fue presentado por el Gobierno al Congreso a finales de enero del año pasado. A pesar de haber superado las primeras etapas parlamentarias, la propuesta permanece estancada desde hace meses en la Cámara Baja debido a la dificultad de los partidos para alcanzar acuerdos.
La normativa, que acumula más de un centenar de enmiendas y cuyo proceso de ponencia comenzó en noviembre, se basa en tres pilares fundamentales considerados vitales para brindar seguridad jurídica al sector:
- Registro público y obligatorio: Establecer un censo oficial para la inscripción de todos los grupos de interés.
- Código de conducta: Definir normas éticas de comportamiento y un régimen sancionador para quienes las incumplan.
- Huella legislativa: Exigir la publicación de un informe detallado que refleje de manera transparente qué grupos o empresas han intervenido e influido en la elaboración de cada normativa.
España, un protagonista destacado en Bruselas
Ante la ausencia de una regulación nacional específica, muchas empresas y consultoras españolas se rigen por los estándares europeos. Según el informe ‘Asuntos públicos y lobby. Radiografía de la profesión en España 2025’, elaborado por APRI y la Universidad de Navarra, más de 1.000 organizaciones españolas constan en el Registro de Transparencia de la Unión Europea. Esto sitúa al lobismo español como uno de los más activos en Bruselas, precedido solo por Bélgica, Alemania y Francia.
Mientras la legislación específica sigue paralizada, el debate también resalta las limitaciones de la actual Ley de Altos Cargos. Aunque establece un periodo de incompatibilidad de dos años tras el cese, las autorizaciones concedidas por la Oficina de Conflicto de Intereses para que exmandatarios pasen a empresas privadas o consultoras públicas continúan generando debate social y evidencian la necesidad de actualizar las reglas del sector.
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