El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, defenderá sin cambios su postura respecto al gasto en defensa durante la próxima cumbre anual de la OTAN en Ankara, Turquía. Frente a las críticas y la «decepción» expresadas por el presidente estadounidense Donald Trump sobre la aportación española, el líder socialista confirmará que el actual plan de inversión es adecuado para cumplir con las obligaciones de la Alianza Atlántica, dando prioridad al mantenimiento del presupuesto social frente a las demandas financieras de Washington.
El martes Sánchez se trasladará a la capital turca para participar en la reunión de líderes de la OTAN, cuyo anfitrión será el presidente Recep Tayyip Erdogan. No obstante, este viaje presidencial estará condicionado por la situación judicial de su esposa, Begoña Gómez, quien aguarda la decisión del magistrado Juan Carlos Peinado. Debido a la retirada de su pasaporte y la prohibición de salir del país como medidas cautelares en un proceso en el que enfrenta cuatro cargos, Gómez ha requerido un permiso especial para poder acompañar a su marido y asistir a las actividades oficiales dirigidas a los cónyuges de los mandatarios.
La ruptura del consenso del 5% y el conflicto diplomático por Irán
La reunión en Ankara, que se prolongará hasta el miércoles, se presenta en un clima de tensión. El principal tema a tratar será la evaluación de las estrategias para lograr el ambicioso objetivo fijado en la cumbre de La Haya el año pasado: incrementar el gasto militar de cada miembro al 5% de su Producto Interior Bruto (PIB). España fue el único de los 32 países aliados que rechazó públicamente esta meta. Sánchez mantiene que un 2,1% del PIB es suficiente para cubrir las necesidades operativas de la Alianza.
Este desacuerdo se ha intensificado tras el reciente conflicto diplomático provocado por las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel en Irán. El Gobierno español se opuso firmemente a dichas acciones considerándolas contrarias al derecho internacional y, por ello, el Palacio de la Moncloa prohibió el uso de las bases militares españolas al ejército estadounidense, provocando una fuerte respuesta desde Washington.
A finales de junio, en una rueda de prensa junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump calificó a España como un «desastre» en su calidad de socio y criticó igualmente a otros países como Italia, Francia, Alemania y Reino Unido debido a su insuficiente apoyo logístico: «España es terrible (…) No quieren aportar; piensan que todo será sin coste», dijo el presidente norteamericano. En línea con estas declaraciones, el embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew G. Whitaker, confirmó esta semana que el malestar es notable y que Trump está profundamente «decepcionado».
Confianza ante las amenazas y cumplimiento del 2,1%
A pesar del aumento de las tensiones verbales y la filtración de un correo electrónico del Pentágono en el que se contemplaba una posible suspensión de España dentro de la estructura de la OTAN, el Ejecutivo español ha restado importancia a estas advertencias. Fuentes oficiales muestran «total confianza», argumentando que el tratado de la Alianza no prevé mecanismos legales para expulsar o suspender a un miembro, y aseguran que el compromiso del país con la seguridad colectiva es incuestionable. «No hay discusión», afirmó Sánchez de forma clara.
El plan de acción del Gobierno es demostrar el cumplimiento de sus compromisos de acuerdo a sus propios criterios. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, certificó que España alcanzó en 2025 el objetivo previo del 2% del PIB destinado a las fuerzas armadas. Aunque Rutte ahora pide que el mínimo se eleve al 3,5%, la delegación española viaja a Ankara respaldada por la puesta en marcha este año de al menos 15 nuevos Programas Especiales de Modernización (PEM). Estos proyectos, orientados a la defensa antiaérea y sistemas de misiles, implican una inversión inmediata superior a 1.400 millones de euros, dentro del macro Plan Tecnológico y Estratégico de Defensa y Seguridad, que cuenta con una inversión adicional de más de 10.471 millones de euros. El Gobierno remarca que España es un aliado confiable, siendo el séptimo mayor contribuyente entre los 32 países de la Alianza y participando activamente en misiones internacionales.
El PP solicita al Gobierno unidad de postura ante la cumbre
En el ámbito nacional, la política exterior también genera divisiones. El Partido Popular (PP) ha demandado al Ejecutivo una «posición clara, común y coherente» respecto a los compromisos internacionales para evitar proyectar una imagen de desunión ante la Alianza. Para ello, el principal partido de la oposición presentó en el Congreso una Proposición no de Ley que insta a enviar un mensaje firme sobre el compromiso de España con la seguridad euroatlántica.
El PP recordó en un comunicado las discrepancias públicas dentro de la coalición gobernante, donde uno de sus socios aboga abiertamente por salir de la OTAN. También reprochó a Sánchez que en la última cumbre de La Haya firmara el compromiso de alcanzar el 5% del PIB en gasto militar para luego declarar públicamente que no lo cumpliría. Además, los populares piden que España asuma un papel más activo y defienda con determinación que el Flanco Sur —centrado en el Mediterráneo, Sahel, Magreb y Oriente Próximo— se convierta en una prioridad estratégica efectiva para la organización, dada su relevancia para la seguridad nacional.
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