Partidos internos del PP solicitan al líder que establezca límites claros frente al independentismo tras sus declaraciones en Cataluña.
Las palabras del presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso del PP en Cataluña a finales de junio, donde expresó la necesidad de «pasar página» del procés, han generado discrepancias notables dentro de la formación. La facción más conservadora ha reaccionado para imponer barreras firmes y evitar cualquier acercamiento estratégico hacia Junts per Catalunya.
Fuentes del partido indican que la propuesta de dejar atrás la etapa de confrontación territorial con la agrupación de Carles Puigdemont no ha sido bien acogida por el sector más duro de Génova. «Pasar página del procés fue recibido con desagrado», reconocen críticos internos, quienes consideran un error táctico suavizar la postura constitucional del partido en aras de un posible entendimiento táctico en el Congreso.
Descontento interno por el cambio en el discurso
Este cambio en el discurso de Feijóo ocurre en un momento de intensa presión hacia el Gobierno de Pedro Sánchez. Con Junts alternando su apoyo al Ejecutivo central, la dirección nacional del PP ha explorado opciones para forzar elecciones anticipadas o una moción de censura. Aun así, priorizar la estrategia parlamentaria a costa de moderar el discurso frente al independentismo ha provocado alerta en el sector más rígido del partido.
Los críticos recuerdan que el PP promovió protestas contra la Ley de Amnistía y que no se debe transmitir a la base la idea de un reinicio con las formaciones que lideraron el desafío soberanista de 2017. Para este grupo, Junts permanece fuera del espacio político central y cualquier colaboración, aunque sea mínima, debilita la identidad política del PP.
Balance interno en Génova
El entorno cercano a Feijóo ha puntualizado que «pasar página» no significa olvidar lo ocurrido ni las lecciones aprendidas, pero la advertencia del ala más dura muestra que el margen de acción del líder gallego en Cataluña es limitado. La presión interna le obliga a mantener un equilibrio: debilitar al Gobierno de Sánchez buscando el apoyo de Junts sin generar fracturas internas ni favorecer a competidores de la derecha como Vox.
En los próximos días se evaluará el alcance de esta advertencia en un escenario político en el que la estabilidad del Ejecutivo central continúa dependiendo de los delicados equilibrios parlamentarios y las dinámicas en Madrid y Barcelona.
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