En los últimos años, la realidad política ha evidenciado para numerosos votantes moderados una situación incómoda: el Partido Popular, cuando requiere apoyos para gobernar, ha aceptado a Vox como socio, dejando de considerarlo un problema. Este fenómeno se ha repetido en varias instituciones y comunidades autónomas, y parece que esta dinámica continuará donde los números lo permitan.
Esta circunstancia revela una doble moral por parte del PP. Mientras en ciertos territorios se presenta como un bloque frente a la extrema derecha, en otros está dispuesto a establecer pactos cuando la corrección parlamentaria lo demanda. Los principios parecen ceder ante la necesidad de conservar el poder.
Ceuta no es una ciudad común. Su compleja realidad social, cultural y religiosa requiere un enfoque político sensible. La convivencia entre sus comunidades no es solo un lema institucional ni una estrategia publicitaria, sino un delicado balance que se ha construido durante décadas y que demanda responsabilidad, prudencia y liderazgo constante.
Por este motivo, la eventualidad de que el Gobierno local dependa algún día de Vox debe motivar un profundo análisis. No se trata exclusivamente de un asunto ideológico, sino de proteger un modelo de convivencia que ha permitido a Ceuta avanzar a pesar de sus retos estructurales. Buscar acuerdos con Vox en esta ciudad representaría un riesgo considerable para la paz social y la convivencia, especialmente ante la resonancia negativa que buena parte del discurso de esa formación genera en amplios sectores ceutíes.
Resulta paradójico que, aunque Juan Vivas ha cimentado gran parte de su liderazgo en la moderación, el diálogo y la promoción de consensos entre comunidades, la plataforma bajo la que gobierna podría llevarle hacia alianzas que contravienen esos valores que han caracterizado su carrera política.
Además, la actuación de los representantes nacionales del PP ha puesto en evidencia en múltiples ocasiones que los intereses de Ceuta quedan supeditados a las estrategias emanadas desde Madrid. Incluso acuerdos ratificados por la Asamblea han recibido luego un escaso respaldo en las instancias nacionales. Esta contradicción contribuye a la percepción de que la voz de Ceuta tiene menos peso del que debería dentro de los grandes partidos.
La evolución de la política a nivel nacional plantea una inquietud creciente: ¿qué sucederá si en la próxima legislatura Juan Vivas precisa del apoyo de Vox para continuar en el gobierno? Considerando lo ocurrido en otras comunidades autónomas, nadie puede garantizar que la dirección nacional del PP descarta esta opción.
Por esta razón, la única vía que podría permitir a Juan Vivas conservar íntegro su proyecto político y su modelo de convivencia podría ser una formación estrictamente localista. Un proyecto enfocado únicamente en los intereses de Ceuta, sin depender de Madrid ni verse condicionado por pactos que no reflejen la realidad de la ciudad.
La trayectoria de Juan Vivas demuestra que su principal fortaleza no reside en un partido nacional, sino en la confianza ganada durante años entre amplios sectores de la sociedad ceutí. La cuestión es si llegará un momento en que esta realidad política impida continuar defendiendo el modelo de convivencia ceutí bajo las directrices de un partido cada vez más influido por su estrategia nacional.
Tal vez, el mayor reto político para Juan Vivas no sea solamente ganar unas elecciones. Quizás consista en decidir si el futuro de Ceuta debe seguir ligado a Madrid o consolidarse en una voz propia capaz de representar sin reservas los intereses de la ciudad.
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