Quince años después de las protestas que modificaron el panorama político español, la Puerta del Sol se ha convertido nuevamente en el centro de la protesta social. Desde la tarde del sábado, miles de personas permanecen en una acampada en la plaza madrileña que recuerda el espíritu del 15-M, aunque con notables diferencias estructurales, políticas y de método respecto al movimiento de 2011. En esta ocasión, las críticas se dirigen principalmente al actual Gobierno de coalición progresista.
Esta manifestación nace como respuesta a la crisis del acceso a la vivienda y tiene como eje la aprobación del llamado ‘decreto Maricarmen’, en honor a una mujer mayor reciente víctima de un desahucio. Contrariamente a la horizontalidad y los debates indefinidos del 15-M, la movilización actual está liderada claramente por el Sindicato de Inquilinas, cuya carpa naranja ocupa el espacio central de la acampada.
Un programa con cinco demandas y plazo establecido
El colectivo ha establecido un ultimátum que concluye este martes, día en que el Consejo de Ministros debe decidir sobre las medidas relativas a la vivienda. El conjunto de peticiones formulado por los manifestantes incluye cinco propuestas fundamentales:
- Medidas estructurales para detener de forma efectiva los desahucios.
- Reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) con el fin de regular el alquiler de habitaciones y el alquiler temporal.
- Congelación inmediata de las tarifas de los alquileres.
- Garantía de prórrogas efectivas en los contratos actualmente vigentes.
- Renovación automática e indefinida de los contratos de arrendamiento.
La organización advierte que, si estas solicitudes no son atendidas, «la continuidad del Gobierno carece de sentido», una expresión que ejerce presión directa sobre las fuerzas de la izquierda dentro del Ejecutivo (como Sumar e Izquierda Unida) y que dificulta los apoyos parlamentarios con socios de investidura como Junts.
Presión directa hacia Moncloa y la izquierda del PSOE
A diferencia del rechazo absoluto al bipartidismo de 2011 («PSOE-PP, la misma mierda es»), la acampada del 26-S se dirige explícitamente a la coalición de gobierno. Con lemas como * «¿Dónde está el Gobierno progresista?»*, la movilización reúne a colectivos sociales, sindicatos de base como CNT y CGT, organizaciones ecologistas y grupos de izquierda radical como Anticapitalistas, Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes, además de miles de ciudadanos de forma individual.
La situación en Sol plantea al Ejecutivo un dilema importante: sucumbir a la presión ciudadana para recuperar su apoyo social o arriesgarse a una ruptura definitiva con los movimientos en defensa de la vivienda que marcaron el ciclo político de los últimos diez años.
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