Rabat amplía su influencia diplomática y económica en África promoviendo la exención de visados y procesos propios de regularización, al mismo tiempo que incrementa sus críticas hacia la política migratoria de Madrid.
RABAT / MADRID. — Marruecos sigue reforzando su liderazgo en África subsahariana al permitir la entrada sin visado a ciudadanos de varios países y haber otorgado la regularización a más de 50.000 personas en su territorio. No obstante, en las relaciones bilaterales con Europa, el Ejecutivo marroquí ha intensificado sus objeciones hacia España, a la que acusa de provocar un «efecto llamada» con sus recientes políticas de regularización migratoria.
Refuerzo de su presencia en África
La directriz de Rabat pretende consolidar su posición económica y geopolítica en la región subsahariana. Eliminando la obligación de visado para ciudadanos de varios Estados africanos y facilitando la residencia legal a miles de migrantes subsaharianos, Marruecos busca mostrarse como un socio integrador y líder del Sur Global.
Esta apertura también favorece el desarrollo del comercio, la inversión directa y el intercambio cultural y académico con países de África Occidental y Central.
Discrepancias con Madrid respecto a la política migratoria
Esta política abierta dentro de sus fronteras contrasta con la posición que Marruecos mantiene ante la frontera sur de la Unión Europea. Representantes del Gobierno marroquí han expresado críticas hacia las medidas excepcionales de regularización implementadas por España, indicando que estas contradicen las políticas europeas destinadas a contener la migración irregular.
Desde Rabat se sostiene que la flexibilidad normativa de España motiva a los migrantes a intentar cruzar el territorio marroquí hacia Europa, ya sea por el Mediterráneo o mediante las vallas de Ceuta y Melilla. Según estas autoridades, existe una contradicción: se solicita a Marruecos actuar como «guardián» fronterizo deteniendo el flujo migratorio, mientras que las políticas de regularización en España socavan esas labores en el país de tránsito.
Un balance diplomático delicado
Este enfrentamiento de posiciones refleja la complejidad en las relaciones entre España y Marruecos en materia migratoria y de seguridad. España sostiene la necesidad de implementar vías legales para la integración laboral de los migrantes establecidos en su territorio, mientras que Marruecos utiliza la gestión del flujo migratorio como elemento de presión política, demandando compromisos más firmes, normativas acordadas y apoyo económico para afrontar la presión migratoria en el Norte de África.
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UNIRME GRATIS AL CANALRabat amplía su influencia diplomática y económica en África promoviendo la exención de visados y procesos propios de regularización, al mismo tiempo que incrementa sus críticas hacia la política migratoria de Madrid.
RABAT / MADRID. — Marruecos sigue reforzando su liderazgo en África subsahariana al permitir la entrada sin visado a ciudadanos de varios países y haber otorgado la regularización a más de 50.000 personas en su territorio. No obstante, en las relaciones bilaterales con Europa, el Ejecutivo marroquí ha intensificado sus objeciones hacia España, a la que acusa de provocar un «efecto llamada» con sus recientes políticas de regularización migratoria.
Refuerzo de su presencia en África
La directriz de Rabat pretende consolidar su posición económica y geopolítica en la región subsahariana. Eliminando la obligación de visado para ciudadanos de varios Estados africanos y facilitando la residencia legal a miles de migrantes subsaharianos, Marruecos busca mostrarse como un socio integrador y líder del Sur Global.
Esta apertura también favorece el desarrollo del comercio, la inversión directa y el intercambio cultural y académico con países de África Occidental y Central.
Discrepancias con Madrid respecto a la política migratoria
Esta política abierta dentro de sus fronteras contrasta con la posición que Marruecos mantiene ante la frontera sur de la Unión Europea. Representantes del Gobierno marroquí han expresado críticas hacia las medidas excepcionales de regularización implementadas por España, indicando que estas contradicen las políticas europeas destinadas a contener la migración irregular.
Desde Rabat se sostiene que la flexibilidad normativa de España motiva a los migrantes a intentar cruzar el territorio marroquí hacia Europa, ya sea por el Mediterráneo o mediante las vallas de Ceuta y Melilla. Según estas autoridades, existe una contradicción: se solicita a Marruecos actuar como «guardián» fronterizo deteniendo el flujo migratorio, mientras que las políticas de regularización en España socavan esas labores en el país de tránsito.
Un balance diplomático delicado
Este enfrentamiento de posiciones refleja la complejidad en las relaciones entre España y Marruecos en materia migratoria y de seguridad. España sostiene la necesidad de implementar vías legales para la integración laboral de los migrantes establecidos en su territorio, mientras que Marruecos utiliza la gestión del flujo migratorio como elemento de presión política, demandando compromisos más firmes, normativas acordadas y apoyo económico para afrontar la presión migratoria en el Norte de África.
Rabat amplía su influencia diplomática y económica en África promoviendo la exención de visados y procesos propios de regularización, al mismo tiempo que incrementa sus críticas hacia la política migratoria de Madrid.
RABAT / MADRID. — Marruecos sigue reforzando su liderazgo en África subsahariana al permitir la entrada sin visado a ciudadanos de varios países y haber otorgado la regularización a más de 50.000 personas en su territorio. No obstante, en las relaciones bilaterales con Europa, el Ejecutivo marroquí ha intensificado sus objeciones hacia España, a la que acusa de provocar un «efecto llamada» con sus recientes políticas de regularización migratoria.
Refuerzo de su presencia en África
La directriz de Rabat pretende consolidar su posición económica y geopolítica en la región subsahariana. Eliminando la obligación de visado para ciudadanos de varios Estados africanos y facilitando la residencia legal a miles de migrantes subsaharianos, Marruecos busca mostrarse como un socio integrador y líder del Sur Global.
Esta apertura también favorece el desarrollo del comercio, la inversión directa y el intercambio cultural y académico con países de África Occidental y Central.
Discrepancias con Madrid respecto a la política migratoria
Esta política abierta dentro de sus fronteras contrasta con la posición que Marruecos mantiene ante la frontera sur de la Unión Europea. Representantes del Gobierno marroquí han expresado críticas hacia las medidas excepcionales de regularización implementadas por España, indicando que estas contradicen las políticas europeas destinadas a contener la migración irregular.
Desde Rabat se sostiene que la flexibilidad normativa de España motiva a los migrantes a intentar cruzar el territorio marroquí hacia Europa, ya sea por el Mediterráneo o mediante las vallas de Ceuta y Melilla. Según estas autoridades, existe una contradicción: se solicita a Marruecos actuar como «guardián» fronterizo deteniendo el flujo migratorio, mientras que las políticas de regularización en España socavan esas labores en el país de tránsito.
Un balance diplomático delicado
Este enfrentamiento de posiciones refleja la complejidad en las relaciones entre España y Marruecos en materia migratoria y de seguridad. España sostiene la necesidad de implementar vías legales para la integración laboral de los migrantes establecidos en su territorio, mientras que Marruecos utiliza la gestión del flujo migratorio como elemento de presión política, demandando compromisos más firmes, normativas acordadas y apoyo económico para afrontar la presión migratoria en el Norte de África.
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RABAT / MADRID. — Marruecos sigue reforzando su liderazgo en África subsahariana al permitir la entrada sin visado a ciudadanos de varios países y haber otorgado la regularización a más de 50.000 personas en su territorio. No obstante, en las relaciones bilaterales con Europa, el Ejecutivo marroquí ha intensificado sus objeciones hacia España, a la que acusa de provocar un «efecto llamada» con sus recientes políticas de regularización migratoria.
Refuerzo de su presencia en África
La directriz de Rabat pretende consolidar su posición económica y geopolítica en la región subsahariana. Eliminando la obligación de visado para ciudadanos de varios Estados africanos y facilitando la residencia legal a miles de migrantes subsaharianos, Marruecos busca mostrarse como un socio integrador y líder del Sur Global.
Esta apertura también favorece el desarrollo del comercio, la inversión directa y el intercambio cultural y académico con países de África Occidental y Central.
Discrepancias con Madrid respecto a la política migratoria
Esta política abierta dentro de sus fronteras contrasta con la posición que Marruecos mantiene ante la frontera sur de la Unión Europea. Representantes del Gobierno marroquí han expresado críticas hacia las medidas excepcionales de regularización implementadas por España, indicando que estas contradicen las políticas europeas destinadas a contener la migración irregular.
Desde Rabat se sostiene que la flexibilidad normativa de España motiva a los migrantes a intentar cruzar el territorio marroquí hacia Europa, ya sea por el Mediterráneo o mediante las vallas de Ceuta y Melilla. Según estas autoridades, existe una contradicción: se solicita a Marruecos actuar como «guardián» fronterizo deteniendo el flujo migratorio, mientras que las políticas de regularización en España socavan esas labores en el país de tránsito.
Un balance diplomático delicado
Este enfrentamiento de posiciones refleja la complejidad en las relaciones entre España y Marruecos en materia migratoria y de seguridad. España sostiene la necesidad de implementar vías legales para la integración laboral de los migrantes establecidos en su territorio, mientras que Marruecos utiliza la gestión del flujo migratorio como elemento de presión política, demandando compromisos más firmes, normativas acordadas y apoyo económico para afrontar la presión migratoria en el Norte de África.

















