Los incendios forestales que ocurrieron en España durante julio han dejado una marca visible desde el espacio. Una imagen obtenida por el satélite Landsat 9 de la NASA revela la vasta superficie quemada alrededor de Burgohondo, en Ávila, donde se originó uno de los incendios más severos del verano.
Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
Entre los sistemas disponibles está FIRMS, el Sistema de Información sobre Incendios para la Gestión de Recursos, que ofrece datos casi en tiempo real.
Asimismo, la agencia espacial utiliza Worldview, una plataforma que permite acceder a imágenes satelitales para examinar fenómenos ambientales en diversas partes del mundo.
El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
La cicatriz visible alrededor de Burgohondo es una muestra del daño ocasionado por uno de los incendios más significativos en las últimas décadas en España.
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Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
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Asimismo, la agencia espacial utiliza Worldview, una plataforma que permite acceder a imágenes satelitales para examinar fenómenos ambientales en diversas partes del mundo.
El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
La cicatriz visible alrededor de Burgohondo es una muestra del daño ocasionado por uno de los incendios más significativos en las últimas décadas en España.
Los incendios forestales que ocurrieron en España durante julio han dejado una marca visible desde el espacio. Una imagen obtenida por el satélite Landsat 9 de la NASA revela la vasta superficie quemada alrededor de Burgohondo, en Ávila, donde se originó uno de los incendios más severos del verano.
Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
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El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
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De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
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El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
La cicatriz visible alrededor de Burgohondo es una muestra del daño ocasionado por uno de los incendios más significativos en las últimas décadas en España.
Los incendios forestales que ocurrieron en España durante julio han dejado una marca visible desde el espacio. Una imagen obtenida por el satélite Landsat 9 de la NASA revela la vasta superficie quemada alrededor de Burgohondo, en Ávila, donde se originó uno de los incendios más severos del verano.
Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
Entre los sistemas disponibles está FIRMS, el Sistema de Información sobre Incendios para la Gestión de Recursos, que ofrece datos casi en tiempo real.
Asimismo, la agencia espacial utiliza Worldview, una plataforma que permite acceder a imágenes satelitales para examinar fenómenos ambientales en diversas partes del mundo.
El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
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Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
Entre los sistemas disponibles está FIRMS, el Sistema de Información sobre Incendios para la Gestión de Recursos, que ofrece datos casi en tiempo real.
Asimismo, la agencia espacial utiliza Worldview, una plataforma que permite acceder a imágenes satelitales para examinar fenómenos ambientales en diversas partes del mundo.
El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
La cicatriz visible alrededor de Burgohondo es una muestra del daño ocasionado por uno de los incendios más significativos en las últimas décadas en España.
Los incendios forestales que ocurrieron en España durante julio han dejado una marca visible desde el espacio. Una imagen obtenida por el satélite Landsat 9 de la NASA revela la vasta superficie quemada alrededor de Burgohondo, en Ávila, donde se originó uno de los incendios más severos del verano.
Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
Este incendio superó en tamaño a los ocurridos en 2025 en Laroco y Quiroga, Galicia, y en Oencia, León.
Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
En esta imagen de falso color, la vegetación que permaneció intacta aparece en tonos verdes claros, mientras que las áreas quemadas se identifican por un tono marrón. También es posible observar el daño alrededor de dos embalses en la región.

La tecnología espacial contribuye al monitoreo de incendios
La NASA indica que los datos obtenidos a través de satélites gubernamentales forman parte de un sistema global de observación destinado a estudiar el comportamiento de los incendios y detectar nuevas tendencias.
Estas tecnologías facilitan la identificación de focos activos, el seguimiento de la evolución de las llamas, la estimación de la extensión de áreas quemadas y el análisis del impacto en los ecosistemas.
Entre los sistemas disponibles está FIRMS, el Sistema de Información sobre Incendios para la Gestión de Recursos, que ofrece datos casi en tiempo real.
Asimismo, la agencia espacial utiliza Worldview, una plataforma que permite acceder a imágenes satelitales para examinar fenómenos ambientales en diversas partes del mundo.
El invierno propició el crecimiento de la vegetación
Un estudio del Proyecto Estado de los Incendios Forestales señala que las condiciones climáticas previas facilitaron la propagación del fuego.
El invierno favoreció la proliferación de vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques. Después, las intensas olas de calor y la sequía secaron esa masa vegetal, transformándola en combustible para el incendio.
La combinación de temperaturas elevadas, baja humedad y vegetación seca creó un entorno propicio para el inicio y rápido avance de los incendios forestales.
El peligro sigue siendo alto
A pesar de que los equipos de emergencia controlaron los incendios principales y las autoridades comenzaron a levantar algunas órdenes de evacuación, la amenaza permanece.
La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
La cicatriz visible alrededor de Burgohondo es una muestra del daño ocasionado por uno de los incendios más significativos en las últimas décadas en España.
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Estos incendios afectaron varias zonas de las provincias de Ávila, Almería, Castellón, Toledo y Madrid, provocaron la evacuación de miles de personas y movilizaron a un gran número de recursos de emergencias.
De todos los incendios, el de Ávila tuvo una dimensión particularmente grave. De acuerdo con datos oficiales publicados, las llamas destruyeron cerca de 55.000 hectáreas, posicionándose como el incendio más grande registrado hasta entonces en España.
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Los satélites identificaron el incendio próximo a Burgohondo
Los sistemas satelitales de la NASA detectaron las primeras señales del incendio cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio.
Al día siguiente, las llamas se unieron con otros incendios en provincias cercanas, aumentando la superficie afectada a aproximadamente 77.000 hectáreas.
La zona quemada es equivalente al tamaño aproximado de la ciudad de Nueva York, una comparación que ayuda a dimensionar la magnitud del desastre.
La fotografía tomada después por el Landsat 9 muestra el contraste entre las áreas que conservaron vegetación y los territorios arrasados por el fuego.
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La NASA recoge las alertas de meteorólogos, quienes consideran que el riesgo de nuevos incendios sigue elevado debido a la continuidad del calor y la sequedad.
Las imágenes satelitales evidencian no solo la magnitud de los incendios, sino también los efectos prolongados que provocan en los bosques, suelos, embalses y comunidades cercanas.
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