La crisis migratoria en Ceuta ha generado un choque político dentro de la Unión Europea. Giorgia Meloni, líderes del Partido Popular Europeo y la responsable de la AfD alemana atribuyen a la política migratoria de Pedro Sánchez la situación, vinculando las entradas con la regularización extraordinaria promovida por España. Sin embargo, no hay una investigación oficial que confirme una relación directa entre ambos hechos.
Las imágenes de miles de personas intentando entrar a Ceuta desde Marruecos han provocado reacciones críticas entre dirigentes conservadores europeos, que exigen fortalecer las fronteras internas, acelerar las devoluciones y pedir explicaciones al Gobierno de Pedro Sánchez.
La respuesta más firme provino de Italia. La primera ministra, Giorgia Meloni, manifestó que su Ejecutivo considera medidas extraordinarias, incluida una posible suspensión de la vigencia de Schengen con España, al evaluar que las entradas irregulares ponen en riesgo la seguridad de las fronteras europeas.
Meloni aseguró que Italia no se mantendrá al margen de esta situación y defendió una política orientada a proteger fronteras, combatir las redes de tráfico de personas y garantizar repatriaciones efectivas. Su ministro de Exteriores, Antonio Tajani, apoyó públicamente la posibilidad de imponer restricciones y vinculó la crisis de Ceuta con la regularización extraordinaria promovida por España.
Tajani afirmó que España había otorgado la ciudadanía a cientos de miles de inmigrantes, una declaración inexacta. El proceso aprobado por el Ejecutivo español no concede automáticamente la nacionalidad española, sino que habilita a solicitar permisos de residencia y trabajo a personas que ya residían en España cumpliendo ciertos requisitos.
Las declaraciones de Italia generaron una respuesta inmediata en Madrid. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, convocó al embajador italiano y calificó los comentarios de Tajani como poco apropiados para un país aliado, además de acusar a Italia de emplear “demagogia partidista”.
La amenaza de “suspender Schengen” no implica jurídicamente la exclusión de España del espacio de libre circulación europeo. La legislación comunitaria permite a los Estados establecer controles temporales en sus fronteras interiores en caso de amenaza grave para el orden público o seguridad interna, pero exige que tales medidas sean excepcionales, proporcionadas y aplicadas como último recurso.
La presión también se observó desde el Partido Popular Europeo. Su presidente, el alemán Manfred Weber, calificó como “grave” la situación fronteriza y señaló que las imágenes reflejan un efecto llamada generado por la regularización, agravado por la posible manipulación de la migración irregular.
Weber solicitó la aplicación inmediata del Pacto Europeo de Migración y Asilo, agilizar el reglamento comunitario de retornos y fortalecer las capacidades de Frontex. También pidió al Gobierno de Sánchez actuar con rapidez para proteger una frontera que, además de española, representa un límite externo de la Unión Europea.
En una línea similar se expresó François-Xavier Bellamy, eurodiputado francés y vicepresidente del Grupo del Partido Popular Europeo, no vicepresidente del Parlamento Europeo como se ha reportado erróneamente. El político de Los Republicanos vinculó las entradas con la elevada cantidad de solicitudes recibidas durante el proceso de regularización en España y reclamó acciones para evitar movimientos secundarios hacia otros estados de la UE. Su cargo está confirmado en el directorio oficial de la Eurocámara.
Bellamy urgió la aplicación rápida de las normativas europeas de retorno y controles más rigurosos en la frontera entre Francia y España. No obstante, Francia mantiene controles temporales notificados en sus fronteras interiores, incluida la española, desde el 1 de mayo hasta el 31 de octubre de 2026, según datos de la Comisión Europea.
Desde Alemania, la líder de Alternativa para Alemania, Alice Weidel, calificó la llegada a Ceuta como una “invasión” y alertó que parte de las personas que entraron a España podrían intentar continuar hacia territorio alemán.
Weidel exigió cerrar fronteras y aplicar las devoluciones estrictamente para evitar una crisis similar a la migratoria europea de 2015. Sus declaraciones reflejan la posición política de la AfD y no corresponden a decisiones oficiales del Gobierno alemán o de las instituciones comunitarias.
El debate europeo se centra en el proceso de regularización extraordinaria impulsado por España entre el 16 de abril y el 30 de junio de 2026.
Según datos oficiales del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, se registraron 1.174.978 solicitudes, de las cuales 609.737 estaban procesadas al cierre del plazo. Estas cifras no indican que más de un millón de personas hayan obtenido un permiso definitivo, ni mucho menos la nacionalidad española.
Además, el procedimiento estaba destinado a personas que residían en España antes de una fecha límite, no a quienes llegaran con posterioridad a la aprobación de la medida. Por ello, las personas que ingresaron irregularmente en Ceuta durante la crisis actual no pueden acogerse automáticamente a este proceso.
Los dirigentes conservadores europeos sostienen que la regularización da el mensaje de que una entrada irregular puede acabar recompensándose con un permiso de residencia. El Gobierno español niega esta interpretación y asegura que la medida tiene como objetivo formalizar la situación de personas que ya vivían y trabajaban en el país para sacarles de la economía sumergida.
No se ha comprobado que la regularización haya causado directamente la concentración de personas en la frontera ceutí. Informes apuntan también a la difusión de rumores sobre una supuesta apertura fronteriza, a la acción de redes criminales y a las tensiones entre España y Marruecos.
La evolución de los hechos indica la intervención de varios factores y no permite establecer una única causa. La presión migratoria ocurrió tras varios días de intentos de entrada, cruces a nado y desplazamientos hacia la localidad marroquí de Castillejos.
La crisis también presenta posibles elementos de instrumentalización migratoria, donde un tercer país facilita o permite movimientos poblacionales para ejercer presión política sobre un Estado de la Unión Europea. Weber incluyó esta posibilidad en su análisis de los sucesos.
Las críticas internacionales sitúan a Sánchez en una posición difícil en el debate europeo sobre inmigración. Mientras España defiende la regularización como una medida social y laboral, varios gobiernos y partidos conservadores alertan que sus efectos podrían extenderse a todo el espacio Schengen.
La tensión con Italia podría trasladar la crisis de Ceuta al próximo debate comunitario. La discusión supera el control fronterizo con Marruecos y afecta a la libre circulación, devoluciones, competencias nacionales en inmigración y la responsabilidad compartida en la protección de las fronteras exteriores.
Por ahora, Italia no ha suspendido Schengen con España, Francia no ha anunciado un cierre total de su frontera y la Comisión Europea no ha atribuido formalmente la crisis ceutí a la regularización extraordinaria. Lo que sí está confirmado es que dirigentes europeos han utilizado la situación para justificar un endurecimiento de las políticas migratorias y incrementar la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez.
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