La NASA rememora el experimento del Apolo 15 en el que un martillo y una pluma de halcón cayeron simultáneamente, evidenciando que en el vacío la aceleración gravitatoria no depende de la masa
En ocasiones, conceptos científicos complejos se ilustran mediante acciones simples. Una de las imágenes y vídeos más representativos de la exploración espacial no muestra un hallazgo geológico sobresaliente ni una complicada maniobra técnica, sino algo corriente: una pluma sobre la superficie lunar. No obstante, esta fotografía simboliza la comprobación experimental de una teoría que transformó la visión del cosmos hace siglos.
Regresamos a 1971, durante la misión Apolo 15. El comandante David Scott, consciente de encontrarse en un laboratorio natural excepcional dentro del sistema solar —un lugar con gravedad pero sin atmósfera—, decidió rendir tributo a Galileo Galilei mediante un experimento que aún hoy resulta fascinante para estudiantes de física.
El martillo, la pluma y la ausencia de atmósfera lunar
Ante la cámara y con la atención del astronauta Charlie Duke, Scott sostuvo en una mano un martillo geológico de aproximadamente 1,3 kilogramos y en la otra una pluma de halcón con muy poco peso. La cuestión era sencilla: ¿caerían ambos a igual velocidad?
En la Tierra, la respuesta es negativa debido a la presencia de resistencia del aire. La atmósfera frena objetos ligeros y de gran superficie, como la pluma, al empujarlos hacia arriba. Sin embargo, en la Luna, donde el vacío es casi total, no existe dicho impedimento.
«Descubrió un aspecto relevante sobre la caída de objetos en un campo gravitatorio», indicó Scott antes de dejar caer simultáneamente ambos objetos desde la misma altitud.
El resultado fue inmediato y claro: tanto el martillo de acero como la pluma tocaron el suelo lunar al mismo tiempo. «Galileo acertó», afirmó el comandante al comprobar que, sin aire que intervenga, todos los cuerpos aceleran por igual sin importar su masa.
La vigencia del legado de Galileo después de siglos
Este experimento no solo fue un acto simbólico para la televisión. Se empleó para verificar visual y directamente las leyes de caída de objetos postuladas por Galileo en el siglo XVII y posteriormente perfeccionadas por Isaac Newton.
La pluma depositada en la superficie lunar permanece, tras más de cincuenta años, como uno de los monumentos más significativos a la curiosidad humana y al método científico.
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