Un estudio dirigido por científicos de la Universidad de Münster, en Alemania, ha demostrado que la madera fosilizada guarda más que la forma de antiguos árboles. Los troncos hallados en las montañas de Kyffhäuser registran una serie de procesos geológicos que posibilitan la reconstrucción de cerca de 300 millones de años de la evolución terrestre.
La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
Los autores señalan que estos hallazgos tienen potencial para aplicarse fuera del yacimiento de Kyffhäuser.
La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
La investigación abre una nueva perspectiva para utilizar la madera fosilizada como registro de la historia geológica, posibilitando reconstruir procesos que ocurrieron a lo largo de cientos de millones de años.
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Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
Los autores señalan que estos hallazgos tienen potencial para aplicarse fuera del yacimiento de Kyffhäuser.
La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
La investigación abre una nueva perspectiva para utilizar la madera fosilizada como registro de la historia geológica, posibilitando reconstruir procesos que ocurrieron a lo largo de cientos de millones de años.
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La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
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La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
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La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
Los autores señalan que estos hallazgos tienen potencial para aplicarse fuera del yacimiento de Kyffhäuser.
La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
La investigación abre una nueva perspectiva para utilizar la madera fosilizada como registro de la historia geológica, posibilitando reconstruir procesos que ocurrieron a lo largo de cientos de millones de años.
Un estudio dirigido por científicos de la Universidad de Münster, en Alemania, ha demostrado que la madera fosilizada guarda más que la forma de antiguos árboles. Los troncos hallados en las montañas de Kyffhäuser registran una serie de procesos geológicos que posibilitan la reconstrucción de cerca de 300 millones de años de la evolución terrestre.
La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
Los autores señalan que estos hallazgos tienen potencial para aplicarse fuera del yacimiento de Kyffhäuser.
La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
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La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
Los autores señalan que estos hallazgos tienen potencial para aplicarse fuera del yacimiento de Kyffhäuser.
La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
La investigación abre una nueva perspectiva para utilizar la madera fosilizada como registro de la historia geológica, posibilitando reconstruir procesos que ocurrieron a lo largo de cientos de millones de años.
Un estudio dirigido por científicos de la Universidad de Münster, en Alemania, ha demostrado que la madera fosilizada guarda más que la forma de antiguos árboles. Los troncos hallados en las montañas de Kyffhäuser registran una serie de procesos geológicos que posibilitan la reconstrucción de cerca de 300 millones de años de la evolución terrestre.
La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
Los autores señalan que estos hallazgos tienen potencial para aplicarse fuera del yacimiento de Kyffhäuser.
La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
El estudio indica que la capacidad de estos fósiles para guardar información depende principalmente de las condiciones climáticas y sedimentarias en las que fueron sepultados.
La investigación abre una nueva perspectiva para utilizar la madera fosilizada como registro de la historia geológica, posibilitando reconstruir procesos que ocurrieron a lo largo de cientos de millones de años.
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La investigación, difundida en la revista Scientific Reports, se enfocó en grandes troncos fosilizados localizados en el centro de Alemania. Algunos ejemplares, conocidos desde el siglo XVIII, miden hasta 20 metros de longitud.
Estos árboles vivieron hace aproximadamente 300 millones de años, durante el Carbonífero superior, en un territorio cercano al ecuador que formaba parte del supercontinente Pangea.
La madera como archivo geológico
Los investigadores observaron que el tejido vegetal fue reemplazado paulatinamente por variadas generaciones de cuarzo en el proceso de fosilización.
Cada fase de mineralización quedó codificada en la madera, conservando datos relacionados con la temperatura, presión y composición de los fluidos presentes en las rocas a lo largo del tiempo.
El equipo detectó cinco etapas sucesivas de mineralización, desde el Carbonífero superior hasta el Cretácico inferior. Considerando además el ascenso posterior de los materiales hacia la superficie, el registro total comprende cerca de 300 millones de años.
Los troncos estuvieron sepultados a varios kilómetros de profundidad
Para establecer la secuencia temporal, los científicos combinaron diversas técnicas, como la catodoluminiscencia del cuarzo, análisis de inclusiones fluidas, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica, termometría Raman y datación por uranio-plomo.
Las conclusiones muestran que algunos troncos estuvieron enterrados entre tres y cinco kilómetros y medio de profundidad.
Durante ese período, soportaron temperaturas que oscilaron entre 160 y 240 grados centígrados, antes de aflorar debido a procesos geológicos posteriores.
Bosques anteriores a la era de los dinosaurios
Los árboles analizados pertenecían a especies relacionadas con las coníferas actuales y formaban parte de antiguos bosques tropicales secos.
Existieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en una zona de Pangea dominada por sistemas fluviales.
Las inundaciones cubrieron rápidamente los troncos con sedimentos, lo que facilitó la penetración de ácido silícico en la madera. Este proceso reemplazó lentamente el tejido original por cuarzo, conservando con alta precisión su estructura celular.
Método aplicable en múltiples continentes
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La madera fosilizada se encuentra en numerosas formaciones geológicas alrededor del mundo y podría servir como herramienta para investigar la evolución de antiguas cuencas sedimentarias y los procesos tectónicos que transformaron varias regiones.
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