Hoy, 11 de septiembre, el santoral católico recuerda a Santos Proto y Jacinto de Roma, mártires del siglo III.
De acuerdo con la tradición hagiográfica, Proto y Jacinto fueron perseguidos por ser de los primeros cristianos en Roma. Su homenaje en el calendario litúrgico simboliza el testimonio del martirio y la fidelidad ante la adversidad. En Ceuta, las parroquias que siguen el santoral integran estas conmemoraciones en las intenciones de las misas y en los libros parroquiales, donde los nombres del día se usan para la oración y la memoria comunitaria.
Santos Proto y Jacinto de Roma (s. III)
Proto y Jacinto de Roma son mencionados en los registros de mártires del siglo III y están relacionados con los primeros testimonios cristianos en la capital del Imperio. La información acerca de su vida y muerte proviene de antiguas fuentes hagiográficas y la tradición eclesiástica.
La liturgia recuerda el martirio como una forma de testimonio. Para los creyentes que siguen el santoral, esta fecha destaca estos nombres en la liturgia cotidiana y en la devoción local.
Otros santos que se celebran el 11 de septiembre
- Santos Félix y Régula de Turico: mártires; tradición vinculada a Turico.
- San Pafnucio de Egipto: obispo (s. IV).
- San Paciente de Lyon: obispo (480).
- San Sacerdote de Lyon: obispo (552).
- San Daniel de Bangor: obispo y abad (584).
- San Adelfio de Remiremont: abad (670).
- San Leudino o Bodón de Toul: obispo (680).
- San Elías Espeleota de Aulón: 960.
- Beato Buenaventura de Barcelona: 1648.
- Beato Francisco Mayaudon: presbítero y mártir (1794).
- San Juan Gabriel Perboyre: presbítero y mártir (1840).
- Beato Pedro de Alcántara Villanueva Larráyez: mártir (1936).
- Beato José María Segura Penadés: presbítero y mártir (1936).
Significado litúrgico
La conmemoración del 11 de septiembre reúne figuras de distintas épocas: mártires de los primeros siglos, obispos y abades de la Edad Media y beatos de los siglos XIX y XX. En el santoral se incluyen, por ejemplo, san Pafnucio de Egipto (s. IV), san Paciente de Lyon (480) y san Daniel de Bangor (584), así como san Juan Gabriel Perboyre (1840) y los mártires de 1936 señalados en el calendario.
Para quienes siguen el calendario litúrgico, estos nombres facilitan situar la oración en un hilo histórico que abarca desde los primeros testigos cristianos hasta el siglo XX.
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