MÁLAGA. — Palpitaciones, taquicardias y molestias digestivas. Lo que antes era una acción común —contestar una llamada—, se ha convertido para muchos jóvenes en un desencadenante de ansiedad. Este fenómeno se denomina telefobia, un trastorno que provoca una sensación intensa de incapacidad y rechazo frente a la comunicación en tiempo real.
Esta fobia implica malestar, nerviosismo o evitación de las llamadas telefónicas. Tres factores clave explican este rechazo: la presión por responder de inmediato, la ausencia de información visual y la sensación persistente de invasión e imprevisibilidad.
El grupo más afectado corresponde principalmente a la juventud, quienes crecieron usando aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram, habituándose a comunicaciones asincrónicas, es decir, que no ocurren en tiempo real y son completamente digitales.
El rechazo a la interacción directa y la pérdida de control
«Es esencial comprender la comunicación desde otra perspectiva», comenta Antonio Hernández Mendo, catedrático de Psicología Social en la Universidad de Málaga.
El experto señala que una gran mayoría de jóvenes usa el smartphone para diversas funciones, relegando las llamadas al último lugar. La dificultad para anticipar o prever las respuestas del interlocutor genera malestar que, según Hernández Mendo, podría estar relacionado con una posible falta de confianza en sí mismos. No obstante, la comunidad científica aún discute si esta inseguridad es causa o efecto de la telefobia.
En el contexto juvenil actual, existe un choque entre la necesidad de inmediatez y la habilidad para reaccionar bajo presión en tiempo real. Curiosamente, las videollamadas ayudan a reducir esta ansiedad. Al incorporar claves no verbales como miradas, gestos y sonrisas, los jóvenes recuperan cierta sensación de control, acostumbrados a interpretar códigos visuales a través de emojis, imágenes temporales o videos breves.
Hernández Mendo advierte que la educación en el uso de tecnologías es fundamental, dado que el impacto de estas fobias en el ámbito laboral y social puede ser considerable.
Mayor comunicación, pero no necesariamente mejor calidad
La psicóloga infantojuvenil Desireé Infante señala que los jóvenes prefieren modalidades de comunicación que permitan equivocaciones o malentendidos, siempre que les den tiempo para pensar, modificar o eliminar su respuesta antes de enviarla. Este proceso les brinda sensación de control.
Infante reflexiona sobre una paradoja actual: en una sociedad cada vez más comunicativa, no necesariamente se comunica mejor. Según la psicóloga, el entorno actual demanda una comunicación constante y sin errores, debido a la presión social por la perfección y la instantaneidad.
«Aunque nos comunicamos mucho, no siempre sabemos hacerlo adecuadamente», afirma Infante, quien añade que las interacciones virtuales no presenciales permiten a las personas presentar la imagen que desean.
Para abordar este trastorno, la especialista concluye que el primer paso es reconocerlo como un problema real de ansiedad y evaluar individualmente qué aspecto de la llamada genera malestar para tratarlo adecuadamente.
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