El tribunal de Plymouth, en Massachusetts, se encuentra en la fase final del juicio contra Lindsay Clancy, de 36 años, acusada de estrangular a sus tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses. Luego de que la procesada admitiera la autoría del delito, el jurado debe decidir si actuó con un plan intencionado para quedarse sola con los menores o si lo hizo bajo un estado de alienación mental producido por una psicosis posparto que la desconectó de la realidad.
Cronología de los sucesos en Duxbury
Los hechos ocurrieron el 24 de enero de 2023 en Duxbury. Lindsay Clancy, enfermera especializada en maternidad y esposa de Patrick Clancy, tuvo una mañana normal llevando a su hija al médico y compartiendo fotos familiares. Según la reconstrucción, a las 16:02 horas la acusada consultó en internet sobre un laxante para niños y verificó los tiempos de traslado a un restaurante en Plymouth. Después de llamar a una farmacia para informarse sobre el medicamento, sugirió a su esposo pedir comida para llevar.
Alrededor de las 15:15 horas, Lindsay dio a su marido el nombre exacto del producto que debía comprar en la farmacia. Tras salir él de la casa, ella no contestó una primera llamada, pero devolvió la llamada catorce segundos después para organizar la compra. Cuando él regresó a la vivienda, a las 18:09 horas, encontró la puerta del dormitorio principal cerrada y manchas de sangre. Lindsay estaba en el jardín con cortes en las muñecas y cuello tras haberse lanzado desde una ventana del segundo piso, caída que le causó lesiones medulares y parálisis permanente.
Más tarde, las autoridades hallaron a los tres niños estrangulados con bandas elásticas de ejercicio en el sótano y despacho de la casa. Cora y Dawson murieron en el sitio, mientras que el bebé Callan fue trasladado en helicóptero al Boston Children’s Hospital, falleciendo tres días después debido a la pérdida de actividad cerebral.
Defensa y acusación
Durante el juicio se expuso que tras el nacimiento de su tercer hijo en mayo de 2022, Clancy tuvo un deterioro en su salud mental con episodios de ansiedad, insomnio, depresión y pensamientos suicidas recurrentes. La acusada estuvo internada previamente en el hospital psiquiátrico McLean y recibió trece medicamentos psiquiátricos diferentes en cuatro meses. El psicólogo defensor, Paul Zeizel, declaró que Lindsay sufría trastorno bipolar y psicosis posparto, y que ella había dicho que una voz masculina le ordenó matar a sus hijos y suicidarse. También la capellana Sheila Cavanaugh relató que Lindsay declaró creer que actuaba para proteger a los niños de una amenaza.
En contraste, la fiscal Jennifer Sprague argumenta que el crimen fue planificado cuidadosamente. La acusación destaca la elección de un restaurante alejado, el agregado del trayecto a la farmacia, la comprobación previa de las rutas, la coordinación de la llamada con su esposo y la fuerza ejercida consecutivamente sobre cada niño.
Impacto social y discusión pública
El caso ha trascendido el ámbito judicial, provocando manifestaciones frente al tribunal en Plymouth, donde centenares de mujeres se vistieron de rosa para mostrar su apoyo a Clancy. Figuras como la actriz Alyssa Milano o Rusty Yates —exmarido de Andrea Yates juzgada en 2001— han señalado las deficiencias en la atención de la salud mental materna y la necesidad de evitar la prisión. Por otro lado, voces conservadoras como Megyn Kelly y la escritora Bethany Mandel han criticado la muestra de simpatía hacia la acusada, cuestionando la prioridad mediática otorgada a ella en lugar de a las víctimas.
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