Los agentes policiales están saturados, mientras que los enfrentamientos entre migrantes recién llegados, las agresiones a residentes y los ataques xenófobos se han convertido en parte de la rutina en esta ciudad autónoma, casi un mes después del intenso salto masivo.
La comisaría de la Policía Nacional en el centro de Ceuta refleja claramente el estado de esta crisis que no se detiene. Con un flujo constante de denuncias durante la noche, los agentes resumen la situación con esta expresión: «No damos abasto». Aproximadamente un mes tras la llegada masiva, el 30 de julio, de unos 80.000 migrantes, las Fuerzas de Seguridad alertan sobre tres tipos de violencia que podrían intensificarse a medida que los recursos de quienes permanecen en las calles se agotan.
En la sede policial se encuentran reflejadas en un solo día tres realidades diferentes. Primero, la violencia que surge entre los propios migrantes en su lucha por sobrevivir: por ejemplo, Mohamed, un joven de 23 años, fue agredido e intentaron asfixiarlo por un compatriota simplemente por relacionarse con vecinos de Ceuta. Segundo, la inseguridad que padecen los residentes locales, mostrada en el relato de una mujer en estado de shock tras sufrir tocamientos y gestos obscenos en la vía pública.
La tercera vertiente de tensión está dirigida hacia los migrantes, que son víctimas de agresiones cometidas por ciudadanos locales. Un joven de 17 años debió ser ingresado en el hospital tras ser golpeado por un empresario local mientras caminaba. La intervención de un empleado del agresor, quien defendió al menor y lo acompañó a la comisaría, provocó el despido de dicho trabajador. Mientras tanto, las carpas de acogida están saturadas y crece el temor entre la población. La escasez de alojamiento y alimentos mantiene un clima de incertidumbre continua en esta ciudad autónoma.
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