La asociación Bocatas señala que el estricto operativo de seguridad y limpieza por la visita de León XIV marginó a las personas más vulnerables, en contraste con el mensaje inclusivo de la Iglesia.
MADRID. Tras las barreras de seguridad y los rigurosos controles que protegieron la plaza de Cibeles durante la multitudinaria misa del papa León XIV, surgieron denuncias sobre la situación de los sectores más desfavorecidos de Madrid. Mientras miles de fieles participaban en la ceremonia, un grupo de voluntarios con chalecos amarillos mostraba la exclusión sufrida por quienes normalmente pernoctan en esos mismos soportales.
Los miembros de la experimentada asociación civil Bocatas se ubicaron cerca de los accesos restringidos para continuar con su habitual tarea de acompañar y distribuir alimentos a personas sin hogar. Sin embargo, ese día la indignación superó la rutina habitual. Los representantes y voluntarios manifestaron su preocupación por el amplio dispositivo de seguridad y limpieza urbana que, según afirman, alejó intencionadamente a los indigentes de la visibilidad pública para proyectar una imagen limpia de la capital ante la visita del Papa.
“Han despejado las calles con motivo de la llegada del Papa. Da la impresión de que las personas más necesitadas son un estorbo para quien representa una institución que justamente promueve la prioridad hacia los pobres”, expresó con contundencia Jesús de Alba, portavoz de la organización en el lugar.
Mientras la misa transcurría en el altar principal de Cibeles y los cánticos resonaban en el Paseo del Prado, los voluntarios patrullaban el perímetro restringido en busca de quienes atienden regularmente. Según los relatos de los afectados y colaboradores, numerosos sin techo que dormían en cajeros automáticos, portales y plazas del centro histórico de Madrid se vieron obligados a abandonar sus lugares habituales en días previos, debido a las directrices de orden público y a las labores extraordinarias de limpieza.
“Somos parte de la Iglesia y actuamos como último recurso”, comentaba con pesar un miembro del colectivo mientras coordinaba el reparto de alimentos entre los fieles que salían del área protegida y las personas en situación de vulnerabilidad que esperaban en las inmediaciones.
Para la asociación, resulta profundamente contradictorio que las llamadas oficiales del papa León XIV a una sociedad unida y un diálogo integrador se traduzcan, en la práctica, en un cordón de seguridad que aisla a quienes enfrentan mayores dificultades por la exclusión social.
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