La Memoria Anual del Ministerio Público indica retrasos extremos de hasta 16 años entre la acusación y el juicio, aplicando atenuantes que disminuyen las condenas.
En su Memoria Anual, la Fiscalía ha advertido sobre el deterioro estructural que atraviesa la Administración de Justicia en España. Bajo la dirección de la fiscal general Teresa Peramato, el Ministerio Público señala que los cuellos de botella en los tribunales están debilitando la respuesta penal ante delitos de corrupción y faltas relacionadas con siniestralidad laboral, lo que provoca una reducción progresiva de las condenas y una preocupante revictimización de las personas afectadas.
El análisis detallado realizado por Anticorrupción explica que el principal bloqueo no ocurre durante la instrucción, sino en la fase intermedia y en la programación de las vistas orales después de presentar los escritos de acusación. La Memoria recoge casos extremos, como diligencias tramitadas en la Audiencia Nacional cuyo escrito de acusación se formalizó en 2009 y cuyo juicio no se celebró hasta finales de 2025, acumulando casi 17 años de demora. Esta situación también afecta a macrocausas como las piezas separadas de los ERE en Andalucía, donde expedientes como el de Altadis enfrentan más de cuatro años de retraso sin fecha fijada para el juicio.
La carencia de recursos materiales, la insuficiencia de salas con gran capacidad y la escasez de magistrados conllevan la utilización sistemática de la atenuante por dilaciones indebidas —en muchos casos con carácter muy cualificado—. Esta realidad obliga al Ministerio Público a acordar conformidades casi inevitables, menorando la eficacia de la valoración probatoria y de las sanciones penales. Un escenario similar se presenta en los juzgados que tramitan accidentes laborales, donde el tiempo promedio para dictar sentencia se acerca a los seis años desde el momento del siniestro, habiéndose dictado condenas en 2025 por hechos acaecidos en 2006.
Para cambiar esta situación, la Fiscalía confía en las medidas de agilización implementadas por la reciente Ley Orgánica 1/2025 de eficiencia del Servicio Público de Justicia, como la audiencia preliminar en los procedimientos abreviados. Pese a ello, el órgano fiscal subraya la necesidad urgente de impulsar una reforma estructural más extensa que incluya la creación de juzgados y tribunales especializados en materia económica, con el fin de evitar que las causas penalmente complejas prescriban o finalicen con penas simbólicas.
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En su Memoria Anual, la Fiscalía ha advertido sobre el deterioro estructural que atraviesa la Administración de Justicia en España. Bajo la dirección de la fiscal general Teresa Peramato, el Ministerio Público señala que los cuellos de botella en los tribunales están debilitando la respuesta penal ante delitos de corrupción y faltas relacionadas con siniestralidad laboral, lo que provoca una reducción progresiva de las condenas y una preocupante revictimización de las personas afectadas.
El análisis detallado realizado por Anticorrupción explica que el principal bloqueo no ocurre durante la instrucción, sino en la fase intermedia y en la programación de las vistas orales después de presentar los escritos de acusación. La Memoria recoge casos extremos, como diligencias tramitadas en la Audiencia Nacional cuyo escrito de acusación se formalizó en 2009 y cuyo juicio no se celebró hasta finales de 2025, acumulando casi 17 años de demora. Esta situación también afecta a macrocausas como las piezas separadas de los ERE en Andalucía, donde expedientes como el de Altadis enfrentan más de cuatro años de retraso sin fecha fijada para el juicio.
La carencia de recursos materiales, la insuficiencia de salas con gran capacidad y la escasez de magistrados conllevan la utilización sistemática de la atenuante por dilaciones indebidas —en muchos casos con carácter muy cualificado—. Esta realidad obliga al Ministerio Público a acordar conformidades casi inevitables, menorando la eficacia de la valoración probatoria y de las sanciones penales. Un escenario similar se presenta en los juzgados que tramitan accidentes laborales, donde el tiempo promedio para dictar sentencia se acerca a los seis años desde el momento del siniestro, habiéndose dictado condenas en 2025 por hechos acaecidos en 2006.
Para cambiar esta situación, la Fiscalía confía en las medidas de agilización implementadas por la reciente Ley Orgánica 1/2025 de eficiencia del Servicio Público de Justicia, como la audiencia preliminar en los procedimientos abreviados. Pese a ello, el órgano fiscal subraya la necesidad urgente de impulsar una reforma estructural más extensa que incluya la creación de juzgados y tribunales especializados en materia económica, con el fin de evitar que las causas penalmente complejas prescriban o finalicen con penas simbólicas.
La Memoria Anual del Ministerio Público indica retrasos extremos de hasta 16 años entre la acusación y el juicio, aplicando atenuantes que disminuyen las condenas.
En su Memoria Anual, la Fiscalía ha advertido sobre el deterioro estructural que atraviesa la Administración de Justicia en España. Bajo la dirección de la fiscal general Teresa Peramato, el Ministerio Público señala que los cuellos de botella en los tribunales están debilitando la respuesta penal ante delitos de corrupción y faltas relacionadas con siniestralidad laboral, lo que provoca una reducción progresiva de las condenas y una preocupante revictimización de las personas afectadas.
El análisis detallado realizado por Anticorrupción explica que el principal bloqueo no ocurre durante la instrucción, sino en la fase intermedia y en la programación de las vistas orales después de presentar los escritos de acusación. La Memoria recoge casos extremos, como diligencias tramitadas en la Audiencia Nacional cuyo escrito de acusación se formalizó en 2009 y cuyo juicio no se celebró hasta finales de 2025, acumulando casi 17 años de demora. Esta situación también afecta a macrocausas como las piezas separadas de los ERE en Andalucía, donde expedientes como el de Altadis enfrentan más de cuatro años de retraso sin fecha fijada para el juicio.
La carencia de recursos materiales, la insuficiencia de salas con gran capacidad y la escasez de magistrados conllevan la utilización sistemática de la atenuante por dilaciones indebidas —en muchos casos con carácter muy cualificado—. Esta realidad obliga al Ministerio Público a acordar conformidades casi inevitables, menorando la eficacia de la valoración probatoria y de las sanciones penales. Un escenario similar se presenta en los juzgados que tramitan accidentes laborales, donde el tiempo promedio para dictar sentencia se acerca a los seis años desde el momento del siniestro, habiéndose dictado condenas en 2025 por hechos acaecidos en 2006.
Para cambiar esta situación, la Fiscalía confía en las medidas de agilización implementadas por la reciente Ley Orgánica 1/2025 de eficiencia del Servicio Público de Justicia, como la audiencia preliminar en los procedimientos abreviados. Pese a ello, el órgano fiscal subraya la necesidad urgente de impulsar una reforma estructural más extensa que incluya la creación de juzgados y tribunales especializados en materia económica, con el fin de evitar que las causas penalmente complejas prescriban o finalicen con penas simbólicas.
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El análisis detallado realizado por Anticorrupción explica que el principal bloqueo no ocurre durante la instrucción, sino en la fase intermedia y en la programación de las vistas orales después de presentar los escritos de acusación. La Memoria recoge casos extremos, como diligencias tramitadas en la Audiencia Nacional cuyo escrito de acusación se formalizó en 2009 y cuyo juicio no se celebró hasta finales de 2025, acumulando casi 17 años de demora. Esta situación también afecta a macrocausas como las piezas separadas de los ERE en Andalucía, donde expedientes como el de Altadis enfrentan más de cuatro años de retraso sin fecha fijada para el juicio.
La carencia de recursos materiales, la insuficiencia de salas con gran capacidad y la escasez de magistrados conllevan la utilización sistemática de la atenuante por dilaciones indebidas —en muchos casos con carácter muy cualificado—. Esta realidad obliga al Ministerio Público a acordar conformidades casi inevitables, menorando la eficacia de la valoración probatoria y de las sanciones penales. Un escenario similar se presenta en los juzgados que tramitan accidentes laborales, donde el tiempo promedio para dictar sentencia se acerca a los seis años desde el momento del siniestro, habiéndose dictado condenas en 2025 por hechos acaecidos en 2006.
Para cambiar esta situación, la Fiscalía confía en las medidas de agilización implementadas por la reciente Ley Orgánica 1/2025 de eficiencia del Servicio Público de Justicia, como la audiencia preliminar en los procedimientos abreviados. Pese a ello, el órgano fiscal subraya la necesidad urgente de impulsar una reforma estructural más extensa que incluya la creación de juzgados y tribunales especializados en materia económica, con el fin de evitar que las causas penalmente complejas prescriban o finalicen con penas simbólicas.

















