La nueva regulación europea relativa al derecho a reparar entra en vigor este mes de agosto con la finalidad de extender la vida útil de móviles, televisores y grandes electrodomésticos. Los fabricantes estarán obligados a ofrecer la reparación de ciertos productos, incluso una vez finalizada la garantía legal, siempre que la reparación sea viable técnicamente.
La Unión Europea pretende eliminar la costumbre común en la que reparar un teléfono, una televisión o un electrodoméstico resulta tan caro o complicado que el consumidor opta por comprar uno nuevo.
A partir del 31 de julio de 2026, los Estados miembros deben implementar las medidas establecidas en la Directiva europea sobre reparación de bienes. Esta normativa exige a los fabricantes que ofrezcan alternativas de reparación para productos específicos que cumplen con los requisitos europeos de reparabilidad, incluso cuando ya no estén bajo garantía.
No implica que todos los dispositivos deban repararse de manera gratuita ni que cualquier producto pueda ser reparado indefinidamente. El fabricante podrá cobrar por el servicio, pero debe establecer un precio razonable que no tenga por objetivo desalentar al consumidor para que opte por la reparación.
La reparación debe completarse en un plazo adecuado desde que la empresa reciba el producto o tenga acceso a él. Si el arreglo fuera inviable por motivos técnicos o legales, el fabricante podrá quedar exento y, en su caso, ofrecer un artículo reacondicionado.
Productos abarcados: móviles, televisores y electrodomésticos
La normativa se aplica a una lista específica de productos. Entre los dispositivos principales incluidos están los teléfonos móviles, smartphones, tabletas, televisores y otras pantallas electrónicas.
También se incluyen electrodomésticos comunes como lavadoras, lavadoras-secadoras, lavavajillas, frigoríficos, secadoras y aspiradoras, así como ciertos servidores, dispositivos de almacenamiento de datos, aparatos de soldadura y productos con baterías para medios de transporte ligeros.
No todos los objetos de uso diario están cubiertos en este momento. Algunos pequeños electrodomésticos y accesorios electrónicos, como ciertas cafeteras o auriculares, quedan fuera del requisito europeo, aunque la lista podría ampliarse en adelante.
Prohibición de obstáculos intencionados al arreglo por parte de las marcas
Uno de los cambios relevantes se refiere a las prácticas que algunos fabricantes emplean para limitar las reparaciones independientes.
Las empresas no podrán aplicar bloqueos de hardware, restricciones de software ni cláusulas contractuales que impidan sin causa justificada la reparación de los productos incluidos en la regulación. Tampoco podrán impedir el uso de piezas originales, compatibles, usadas o fabricadas mediante impresión 3D, siempre que se respeten las normas de seguridad y propiedad intelectual.
Adicionalmente, una marca no tendrá la potestad de negar una reparación sólo porque el dispositivo haya sido reparado con anterioridad por un servicio técnico independiente o por un tercero. El consumidor mantendrá la libertad de elegir el reparador que prefiera.
Los fabricantes que vendan piezas de recambio y herramientas deberán hacerlo a precios razonables. Además, deberán publicar en una página web accesible información orientativa sobre el costo de las reparaciones más comunes.
Extensión de un año de garantía adicional en reparaciones
La nueva normativa introduce también un incentivo para los productos que aún están dentro de la garantía legal.
Si el consumidor decide reparar el producto defectuoso en lugar de reemplazarlo, la garantía se prolongará por al menos 12 meses más. En España, la garantía legal de productos nuevos es actualmente de tres años.
Esta disposición busca que la sustitución no sea la solución inmediata frente a cualquier avería y que la reparación constituya una alternativa real, accesible y económicamente viable.
Recomendaciones para el consumidor en caso de avería
Si uno de los productos incluidos presenta una avería, el usuario podrá solicitar información al fabricante acerca de la reparación. La empresa debe informar sobre el precio o cómo se calcula, el tiempo estimado y las condiciones del servicio.
Aunque la empresa esté obligada a ofrecer la reparación, será el consumidor quien decida si acepta el presupuesto o prefiere buscar otra opción. La normativa no fija una tarifa uniforme, pero exige que los precios y condiciones no se usen para disuadir el arreglo.
El propósito final es disminuir los residuos electrónicos, extender la vida útil de los aparatos y frenar un modelo de consumo basado en usar, tirar y sustituir. De ahora en adelante, reparar un dispositivo fuera de garantía debe ser una opción efectiva y sin obstáculos.
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