El fallecimiento de Juan Tamariz a los 83 años deja un vacío notable en el ilusionismo español, al tiempo que marca el inicio de una nueva etapa para el legado que construyó durante muchos años. Su hija Ana Tamariz, maga, empresaria y responsable de la Gran Escuela de Magia que lleva su nombre, se presenta como la heredera principal de una forma de entender la magia que combina técnica, emoción, psicología y la capacidad de asombrar al público.
Fue Ana quien informó públicamente del deceso de su padre el martes 18 de agosto. En sus palabras resaltó la dimensión humana del ilusionista junto a su importante aporte al mundo de la magia, campo al que Tamariz dedicó casi toda su existencia.
Juan Tamariz no solo fue uno de los magos más reconocidos en la televisión española. Su prestigio a nivel internacional se fundamentó también en una intensa labor teórica y educativa que influyó en generaciones múltiples de ilusionistas. En 1973 obtuvo el Primer Premio Mundial de Cartomagia, y sus libros se convirtieron en textos fundamentales para profesionales de múltiples países.
Ana Tamariz, una vida influenciada por la magia
Ana Tamariz nació en Madrid en 1970 y se crió asistiendo junto a su padre a congresos, espectáculos y encuentros de magos. Desde niña estaba familiarizada con las barajas, las técnicas de distracción y las discusiones profundas en las que los magos analizaban con detalle cada efecto.
Sin embargo, su primer interés profesional no estaba ligado directamente a la magia. Tenía la intención de dedicarse a la cerámica y trabajó como aprendiz, pero un accidente donde sufrió graves quemaduras en una mano y requirió injertos cambió sus planes.
En ese momento, Juan Tamariz le propuso iniciar un proyecto relacionado con el ilusionismo.
En 1988 abrió en Madrid la tienda Magia Potagia Tamarizland, que inició su actividad vendiendo libros, juegos y material especializado en una época donde acceder a información sobre magia era mucho más difícil que hoy en día.
De una tienda de magia a una escuela de prestigio
La necesidad de explicar el funcionamiento de ciertos juegos transformó gradualmente la tienda.
Los clientes acudían con dudas acerca de técnicas, instrucciones y movimientos. Algunas aclaraciones comenzaron a darse en pequeños grupos y esas reuniones evolucionaron hasta formar la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz, que Ana dirige desde 1988.
Al inicio contó con figuras clave del ilusionismo español como Juan Tamariz, Arturo de Ascanio y Camilo Vázquez.
Con el tiempo, la escuela se consolidó como uno de los principales centros de formación mágica en España. Por sus aulas han pasado tanto aficionados como profesionales que luego han desarrollado carreras reconocidas a nivel nacional e internacional.
Uno de ellos es Jorge Blass, quien ingresó siendo niño y posteriormente se convirtió en uno de los ilusionistas españoles con mayor reconocimiento internacional.
Una trayectoria propia más allá del apellido
Aunque su apellido está inevitablemente vinculado al de su padre, Ana Tamariz ha forjado su propia carrera profesional.
Ejercita como maga, docente, empresaria y creadora de espectáculos. Además, ha participado como jurado en concursos, en encuentros especializados y en distintas iniciativas para difundir el ilusionismo y formar a nuevas generaciones de artistas.
Su principal contribución ha sido transformar gran parte del conocimiento transmitido tradicionalmente entre pequeños grupos de magos en un sistema educativo formal.
La escuela ha preservado principios técnicos y artísticos desarrollados por maestros como Arturo de Ascanio y Juan Tamariz, al mismo tiempo que ha incorporado nuevas generaciones y diversas maneras de entender la magia.
Juan Tamariz, referent e inspirador de magos
El legado que Ana recibe tiene una magnitud difícil de cuantificar.
Juan Tamariz fue considerado durante décadas uno de los especialistas mundiales más destacados en cartomagia. Más allá de su imagen conocida, su pelo despeinado, gafas y característico violín imaginario, fue un investigador enfocado en entender la percepción del público sobre un efecto mágico.
Su influencia se extendió mucho más allá de España.
Tamariz analizó conceptos como la atención del espectador, las pistas falsas, la estructura dramática de los juegos y lo que llamó «atmósfera mágica». Su trabajo ayudó a elevar el ilusionismo más allá del truco simple hasta convertirlo en una disciplina artística con una sólida reflexión teórica.
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UNIRME GRATIS AL CANALLa televisión contribuyó a aumentar su popularidad. Sus apariciones en programas de TVE permitieron a múltiples generaciones conocer la magia desde sus hogares y convirtieron su manera de hablar, reír y presentar en parte de la cultura popular española.
Una familia estrechamente ligada a la magia
Ana Tamariz está casada desde 2013 con Manu Vera, también ilusionista, que participa en labores docentes relacionadas con la escuela.
Su hijo Daniel creció en un ambiente marcado por la habilidad manual, aunque se orientó hacia otra disciplina: el yoyó, en la que ha llegado a ser campeón de España.
Juan Tamariz tuvo cuatro hijos, y Ana es quien ha mantenido una relación profesional más estrecha con el mundo mágico y con la transmisión del legado de su padre.
La continuidad del legado tras Juan Tamariz
La muerte de Juan Tamariz representa la pérdida de uno de los referentes internacionales más importantes del ilusionismo contemporáneo, aunque buena parte de su obra se ha transmitido por décadas mediante libros, alumnos, espectáculos y escuelas.
Ana Tamariz ocupa un lugar fundamental en esta continuidad.
Su rol no empieza con la muerte de su padre. Desde hace casi cuarenta años dirige una escuela dedicada especialmente a formar ilusionistas y mantener una tradición artística influenciada decisivamente por Juan Tamariz.
La baraja cambia de manos, pero la enseñanza persiste. Tras el fallecimiento de este gran mago español, Ana Tamariz se convierte con más claridad en una de las principales guardianas de una obra que ya forma parte de la historia mundial de la magia.
















