La vecina del barrio madrileño de Ibiza falleció en el Hospital Gregorio Marañón dos semanas después de ser desalojada del hogar donde había vivido durante siete décadas; el Sindicato de Inquilinas lamenta que el acuerdo para su regreso haya llegado «demasiado tarde».
MADRID — Maricarmen Abascal, mujer de 87 años que se convirtió en un símbolo de la movilización social y la problemática del mercado inmobiliario en España, murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La información fue confirmada mediante un comunicado conjunto del Sindicato de Inquilinas, la representación legal de la fallecida y su familia, apenas catorce días después de que se ejecutara su desahucio en un inmueble del distrito de Retiro donde había vivido desde 1956.
Abascal estuvo ingresada en el hospital madrileño desde el 23 de septiembre, día en que se produjo el lanzamiento judicial tras casi siete años de disputa legal con la empresa propietaria del edificio. A pesar de la presión social que dio lugar a un acuerdo sin precedentes con la entidad propietaria para formalizar un nuevo contrato de alquiler que le permitiera volver a su domicilio, las organizaciones convocantes señalaron que «esta solución llegó demasiado tarde» debido al deterioro físico irreversible que sufrió la anciana durante el proceso de desalojo.
Setenta años de arraigo y litigio judicial
María del Carmen Abascal nació en una familia trabajadora y habitaba el piso del barrio de Ibiza desde que su padre firmó el contrato de arrendamiento en 1956. Después de trabajar 34 años como secretaria de dirección en una empresa farmacéutica hasta su jubilación en 1998, Abascal continuó pagando de forma constante el alquiler de renta antigua junto con los suministros —cercano a 500 euros mensuales— respaldada por una pensión de 1.400 euros.
El litigio comenzó en 2020, cuando la empresa compradora del edificio solicitó la entrega de la vivienda argumentando la finalización de las subrogaciones contractuales. La propiedad afirmó que el contrato inicial había sido transferido en dos ocasiones: primero a la madre de Abascal —quien no figuraba como titular original debido a la legislación vigente durante el franquismo— y luego a la propia Maricarmen. Durante los siguientes cuatro años, la entidad rechazó sistemáticamente las propuestas de mediación que incluían el pago de la diferencia hasta los 1.600 euros que exigía la renta de mercado o la compra del inmueble.
Motor de una crisis política y movilización amplia
El desahucio de Abascal, llevado a cabo tras tres intentos fallidos de paralización, generó una reacción social sin precedentes que ha influido en el panorama político del país a pocos días de las elecciones generales del 29 de noviembre. Este caso fue el desencadenante directo de acampadas ciudadanas en la Puerta del Sol y en otras plazas de capitales de provincia, así como del acuerdo histórico entre sindicatos para convocar una huelga general de 24 horas el próximo 11 de noviembre.
En el mensaje de despedida, la familia y el Sindicato de Inquilinas calificaron el movimiento surgido bajo el lema «Todos somos Maricarmen» como «un hecho crucial en la historia de este país», pero subrayaron que «el coste para llegar hasta aquí fue demasiado elevado». Las organizaciones instaron a continuar con las movilizaciones recordando el último mensaje que Abascal envió desde el hospital: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».
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MADRID — Maricarmen Abascal, mujer de 87 años que se convirtió en un símbolo de la movilización social y la problemática del mercado inmobiliario en España, murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La información fue confirmada mediante un comunicado conjunto del Sindicato de Inquilinas, la representación legal de la fallecida y su familia, apenas catorce días después de que se ejecutara su desahucio en un inmueble del distrito de Retiro donde había vivido desde 1956.
Abascal estuvo ingresada en el hospital madrileño desde el 23 de septiembre, día en que se produjo el lanzamiento judicial tras casi siete años de disputa legal con la empresa propietaria del edificio. A pesar de la presión social que dio lugar a un acuerdo sin precedentes con la entidad propietaria para formalizar un nuevo contrato de alquiler que le permitiera volver a su domicilio, las organizaciones convocantes señalaron que «esta solución llegó demasiado tarde» debido al deterioro físico irreversible que sufrió la anciana durante el proceso de desalojo.
Setenta años de arraigo y litigio judicial
María del Carmen Abascal nació en una familia trabajadora y habitaba el piso del barrio de Ibiza desde que su padre firmó el contrato de arrendamiento en 1956. Después de trabajar 34 años como secretaria de dirección en una empresa farmacéutica hasta su jubilación en 1998, Abascal continuó pagando de forma constante el alquiler de renta antigua junto con los suministros —cercano a 500 euros mensuales— respaldada por una pensión de 1.400 euros.
El litigio comenzó en 2020, cuando la empresa compradora del edificio solicitó la entrega de la vivienda argumentando la finalización de las subrogaciones contractuales. La propiedad afirmó que el contrato inicial había sido transferido en dos ocasiones: primero a la madre de Abascal —quien no figuraba como titular original debido a la legislación vigente durante el franquismo— y luego a la propia Maricarmen. Durante los siguientes cuatro años, la entidad rechazó sistemáticamente las propuestas de mediación que incluían el pago de la diferencia hasta los 1.600 euros que exigía la renta de mercado o la compra del inmueble.
Motor de una crisis política y movilización amplia
El desahucio de Abascal, llevado a cabo tras tres intentos fallidos de paralización, generó una reacción social sin precedentes que ha influido en el panorama político del país a pocos días de las elecciones generales del 29 de noviembre. Este caso fue el desencadenante directo de acampadas ciudadanas en la Puerta del Sol y en otras plazas de capitales de provincia, así como del acuerdo histórico entre sindicatos para convocar una huelga general de 24 horas el próximo 11 de noviembre.
En el mensaje de despedida, la familia y el Sindicato de Inquilinas calificaron el movimiento surgido bajo el lema «Todos somos Maricarmen» como «un hecho crucial en la historia de este país», pero subrayaron que «el coste para llegar hasta aquí fue demasiado elevado». Las organizaciones instaron a continuar con las movilizaciones recordando el último mensaje que Abascal envió desde el hospital: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».
La vecina del barrio madrileño de Ibiza falleció en el Hospital Gregorio Marañón dos semanas después de ser desalojada del hogar donde había vivido durante siete décadas; el Sindicato de Inquilinas lamenta que el acuerdo para su regreso haya llegado «demasiado tarde».
MADRID — Maricarmen Abascal, mujer de 87 años que se convirtió en un símbolo de la movilización social y la problemática del mercado inmobiliario en España, murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La información fue confirmada mediante un comunicado conjunto del Sindicato de Inquilinas, la representación legal de la fallecida y su familia, apenas catorce días después de que se ejecutara su desahucio en un inmueble del distrito de Retiro donde había vivido desde 1956.
Abascal estuvo ingresada en el hospital madrileño desde el 23 de septiembre, día en que se produjo el lanzamiento judicial tras casi siete años de disputa legal con la empresa propietaria del edificio. A pesar de la presión social que dio lugar a un acuerdo sin precedentes con la entidad propietaria para formalizar un nuevo contrato de alquiler que le permitiera volver a su domicilio, las organizaciones convocantes señalaron que «esta solución llegó demasiado tarde» debido al deterioro físico irreversible que sufrió la anciana durante el proceso de desalojo.
Setenta años de arraigo y litigio judicial
María del Carmen Abascal nació en una familia trabajadora y habitaba el piso del barrio de Ibiza desde que su padre firmó el contrato de arrendamiento en 1956. Después de trabajar 34 años como secretaria de dirección en una empresa farmacéutica hasta su jubilación en 1998, Abascal continuó pagando de forma constante el alquiler de renta antigua junto con los suministros —cercano a 500 euros mensuales— respaldada por una pensión de 1.400 euros.
El litigio comenzó en 2020, cuando la empresa compradora del edificio solicitó la entrega de la vivienda argumentando la finalización de las subrogaciones contractuales. La propiedad afirmó que el contrato inicial había sido transferido en dos ocasiones: primero a la madre de Abascal —quien no figuraba como titular original debido a la legislación vigente durante el franquismo— y luego a la propia Maricarmen. Durante los siguientes cuatro años, la entidad rechazó sistemáticamente las propuestas de mediación que incluían el pago de la diferencia hasta los 1.600 euros que exigía la renta de mercado o la compra del inmueble.
Motor de una crisis política y movilización amplia
El desahucio de Abascal, llevado a cabo tras tres intentos fallidos de paralización, generó una reacción social sin precedentes que ha influido en el panorama político del país a pocos días de las elecciones generales del 29 de noviembre. Este caso fue el desencadenante directo de acampadas ciudadanas en la Puerta del Sol y en otras plazas de capitales de provincia, así como del acuerdo histórico entre sindicatos para convocar una huelga general de 24 horas el próximo 11 de noviembre.
En el mensaje de despedida, la familia y el Sindicato de Inquilinas calificaron el movimiento surgido bajo el lema «Todos somos Maricarmen» como «un hecho crucial en la historia de este país», pero subrayaron que «el coste para llegar hasta aquí fue demasiado elevado». Las organizaciones instaron a continuar con las movilizaciones recordando el último mensaje que Abascal envió desde el hospital: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».
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MADRID — Maricarmen Abascal, mujer de 87 años que se convirtió en un símbolo de la movilización social y la problemática del mercado inmobiliario en España, murió este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La información fue confirmada mediante un comunicado conjunto del Sindicato de Inquilinas, la representación legal de la fallecida y su familia, apenas catorce días después de que se ejecutara su desahucio en un inmueble del distrito de Retiro donde había vivido desde 1956.
Abascal estuvo ingresada en el hospital madrileño desde el 23 de septiembre, día en que se produjo el lanzamiento judicial tras casi siete años de disputa legal con la empresa propietaria del edificio. A pesar de la presión social que dio lugar a un acuerdo sin precedentes con la entidad propietaria para formalizar un nuevo contrato de alquiler que le permitiera volver a su domicilio, las organizaciones convocantes señalaron que «esta solución llegó demasiado tarde» debido al deterioro físico irreversible que sufrió la anciana durante el proceso de desalojo.
Setenta años de arraigo y litigio judicial
María del Carmen Abascal nació en una familia trabajadora y habitaba el piso del barrio de Ibiza desde que su padre firmó el contrato de arrendamiento en 1956. Después de trabajar 34 años como secretaria de dirección en una empresa farmacéutica hasta su jubilación en 1998, Abascal continuó pagando de forma constante el alquiler de renta antigua junto con los suministros —cercano a 500 euros mensuales— respaldada por una pensión de 1.400 euros.
El litigio comenzó en 2020, cuando la empresa compradora del edificio solicitó la entrega de la vivienda argumentando la finalización de las subrogaciones contractuales. La propiedad afirmó que el contrato inicial había sido transferido en dos ocasiones: primero a la madre de Abascal —quien no figuraba como titular original debido a la legislación vigente durante el franquismo— y luego a la propia Maricarmen. Durante los siguientes cuatro años, la entidad rechazó sistemáticamente las propuestas de mediación que incluían el pago de la diferencia hasta los 1.600 euros que exigía la renta de mercado o la compra del inmueble.
Motor de una crisis política y movilización amplia
El desahucio de Abascal, llevado a cabo tras tres intentos fallidos de paralización, generó una reacción social sin precedentes que ha influido en el panorama político del país a pocos días de las elecciones generales del 29 de noviembre. Este caso fue el desencadenante directo de acampadas ciudadanas en la Puerta del Sol y en otras plazas de capitales de provincia, así como del acuerdo histórico entre sindicatos para convocar una huelga general de 24 horas el próximo 11 de noviembre.
En el mensaje de despedida, la familia y el Sindicato de Inquilinas calificaron el movimiento surgido bajo el lema «Todos somos Maricarmen» como «un hecho crucial en la historia de este país», pero subrayaron que «el coste para llegar hasta aquí fue demasiado elevado». Las organizaciones instaron a continuar con las movilizaciones recordando el último mensaje que Abascal envió desde el hospital: «Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».

















