Los análisis del gigante gaseoso revelan un nivel de deuterio superior al esperado que apunta a un proceso de migración planetaria o a una pérdida paulatina de atmósfera por las elevadas temperaturas
El telescopio espacial James Webb ha recabado información adicional sobre la composición atmosférica del exoplaneta WASP-39b, un gigante gaseoso ubicado a aproximadamente setecientos años luz de la Tierra. Mediante sus instrumentos de visión infrarroja, un grupo de científicos ha detectado agua semipesada en la capa gaseosa que rodea al planeta. Este descubrimiento, enfocado en una variante molecular en la que uno de los átomos de hidrógeno comunes es reemplazado por un isótopo de deuterio más pesado, proporciona datos esenciales para la comunidad astrofísica con el fin de entender la formación, evolución y dinámica de cuerpos celestes externos al sistema solar.
El exoplaneta WASP-39b, conocido en el campo de la investigación astronómica, ha sido objeto de un estudio más minucioso mediante la observación de la luz que atraviesa su atmósfera. Los resultados obtenidos muestran una proporción elevada de deuterio en comparación con el hidrógeno convencional, un marcador químico que los astrofísicos usan comúnmente para reconstruir la historia y las condiciones originales de los planetas.
Las dos hipótesis sobre el origen de la firma química
La abundancia de agua semipesada en WASP-39b ha motivado a la comunidad científica a proponer dos explicaciones principales para esta composición. La primera sugiere que, dado que se trata de un planeta con temperaturas extremas y baja gravedad, las moléculas de agua común, de menor masa, se habrían escapado gradualmente al espacio exterior a lo largo del tiempo. En este proceso de evaporación, la atmósfera conservaría principalmente las variantes con deuterio debido a su mayor dificultad para perderse en el cosmos.
La segunda teoría plantea que el exoplaneta no se formó en su posición actual próxima a la estrella, sino en zonas mucho más distantes y frías dentro de su sistema planetario. En aquellos lugares, el hielo rico en deuterio era abundante, por lo que la composición observada sería resultado de una migración posterior hacia el interior, hasta la órbita que ocupa en la actualidad.
Perspectivas para la caracterización de mundos rocosos
Aunque el descubrimiento químico es relevante, las condiciones físicas de WASP-39b descartan cualquier posibilidad de habitabilidad. El exoplaneta presenta temperaturas cercanas a los mil grados Celsius, lo que hace que su superficie y atmósfera sean inhóspitas e incompatibles con la vida tal como se conoce.
No obstante, los investigadores destacan el valor metodológico de este hallazgo. La capacidad demostrada por el telescopio James Webb para identificar pequeños detalles moleculares en la atmósfera de un gigante gaseoso a setecientos años luz establece una base técnica para aplicar estas técnicas de espectroscopia en planetas rocosos más pequeños y con temperaturas moderadas, orientando futuras investigaciones hacia la búsqueda de mundos con condiciones similares a las de la Tierra.
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El telescopio espacial James Webb ha recabado información adicional sobre la composición atmosférica del exoplaneta WASP-39b, un gigante gaseoso ubicado a aproximadamente setecientos años luz de la Tierra. Mediante sus instrumentos de visión infrarroja, un grupo de científicos ha detectado agua semipesada en la capa gaseosa que rodea al planeta. Este descubrimiento, enfocado en una variante molecular en la que uno de los átomos de hidrógeno comunes es reemplazado por un isótopo de deuterio más pesado, proporciona datos esenciales para la comunidad astrofísica con el fin de entender la formación, evolución y dinámica de cuerpos celestes externos al sistema solar.
El exoplaneta WASP-39b, conocido en el campo de la investigación astronómica, ha sido objeto de un estudio más minucioso mediante la observación de la luz que atraviesa su atmósfera. Los resultados obtenidos muestran una proporción elevada de deuterio en comparación con el hidrógeno convencional, un marcador químico que los astrofísicos usan comúnmente para reconstruir la historia y las condiciones originales de los planetas.
Las dos hipótesis sobre el origen de la firma química
La abundancia de agua semipesada en WASP-39b ha motivado a la comunidad científica a proponer dos explicaciones principales para esta composición. La primera sugiere que, dado que se trata de un planeta con temperaturas extremas y baja gravedad, las moléculas de agua común, de menor masa, se habrían escapado gradualmente al espacio exterior a lo largo del tiempo. En este proceso de evaporación, la atmósfera conservaría principalmente las variantes con deuterio debido a su mayor dificultad para perderse en el cosmos.
La segunda teoría plantea que el exoplaneta no se formó en su posición actual próxima a la estrella, sino en zonas mucho más distantes y frías dentro de su sistema planetario. En aquellos lugares, el hielo rico en deuterio era abundante, por lo que la composición observada sería resultado de una migración posterior hacia el interior, hasta la órbita que ocupa en la actualidad.
Perspectivas para la caracterización de mundos rocosos
Aunque el descubrimiento químico es relevante, las condiciones físicas de WASP-39b descartan cualquier posibilidad de habitabilidad. El exoplaneta presenta temperaturas cercanas a los mil grados Celsius, lo que hace que su superficie y atmósfera sean inhóspitas e incompatibles con la vida tal como se conoce.
No obstante, los investigadores destacan el valor metodológico de este hallazgo. La capacidad demostrada por el telescopio James Webb para identificar pequeños detalles moleculares en la atmósfera de un gigante gaseoso a setecientos años luz establece una base técnica para aplicar estas técnicas de espectroscopia en planetas rocosos más pequeños y con temperaturas moderadas, orientando futuras investigaciones hacia la búsqueda de mundos con condiciones similares a las de la Tierra.
Los análisis del gigante gaseoso revelan un nivel de deuterio superior al esperado que apunta a un proceso de migración planetaria o a una pérdida paulatina de atmósfera por las elevadas temperaturas
El telescopio espacial James Webb ha recabado información adicional sobre la composición atmosférica del exoplaneta WASP-39b, un gigante gaseoso ubicado a aproximadamente setecientos años luz de la Tierra. Mediante sus instrumentos de visión infrarroja, un grupo de científicos ha detectado agua semipesada en la capa gaseosa que rodea al planeta. Este descubrimiento, enfocado en una variante molecular en la que uno de los átomos de hidrógeno comunes es reemplazado por un isótopo de deuterio más pesado, proporciona datos esenciales para la comunidad astrofísica con el fin de entender la formación, evolución y dinámica de cuerpos celestes externos al sistema solar.
El exoplaneta WASP-39b, conocido en el campo de la investigación astronómica, ha sido objeto de un estudio más minucioso mediante la observación de la luz que atraviesa su atmósfera. Los resultados obtenidos muestran una proporción elevada de deuterio en comparación con el hidrógeno convencional, un marcador químico que los astrofísicos usan comúnmente para reconstruir la historia y las condiciones originales de los planetas.
Las dos hipótesis sobre el origen de la firma química
La abundancia de agua semipesada en WASP-39b ha motivado a la comunidad científica a proponer dos explicaciones principales para esta composición. La primera sugiere que, dado que se trata de un planeta con temperaturas extremas y baja gravedad, las moléculas de agua común, de menor masa, se habrían escapado gradualmente al espacio exterior a lo largo del tiempo. En este proceso de evaporación, la atmósfera conservaría principalmente las variantes con deuterio debido a su mayor dificultad para perderse en el cosmos.
La segunda teoría plantea que el exoplaneta no se formó en su posición actual próxima a la estrella, sino en zonas mucho más distantes y frías dentro de su sistema planetario. En aquellos lugares, el hielo rico en deuterio era abundante, por lo que la composición observada sería resultado de una migración posterior hacia el interior, hasta la órbita que ocupa en la actualidad.
Perspectivas para la caracterización de mundos rocosos
Aunque el descubrimiento químico es relevante, las condiciones físicas de WASP-39b descartan cualquier posibilidad de habitabilidad. El exoplaneta presenta temperaturas cercanas a los mil grados Celsius, lo que hace que su superficie y atmósfera sean inhóspitas e incompatibles con la vida tal como se conoce.
No obstante, los investigadores destacan el valor metodológico de este hallazgo. La capacidad demostrada por el telescopio James Webb para identificar pequeños detalles moleculares en la atmósfera de un gigante gaseoso a setecientos años luz establece una base técnica para aplicar estas técnicas de espectroscopia en planetas rocosos más pequeños y con temperaturas moderadas, orientando futuras investigaciones hacia la búsqueda de mundos con condiciones similares a las de la Tierra.
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El exoplaneta WASP-39b, conocido en el campo de la investigación astronómica, ha sido objeto de un estudio más minucioso mediante la observación de la luz que atraviesa su atmósfera. Los resultados obtenidos muestran una proporción elevada de deuterio en comparación con el hidrógeno convencional, un marcador químico que los astrofísicos usan comúnmente para reconstruir la historia y las condiciones originales de los planetas.
Las dos hipótesis sobre el origen de la firma química
La abundancia de agua semipesada en WASP-39b ha motivado a la comunidad científica a proponer dos explicaciones principales para esta composición. La primera sugiere que, dado que se trata de un planeta con temperaturas extremas y baja gravedad, las moléculas de agua común, de menor masa, se habrían escapado gradualmente al espacio exterior a lo largo del tiempo. En este proceso de evaporación, la atmósfera conservaría principalmente las variantes con deuterio debido a su mayor dificultad para perderse en el cosmos.
La segunda teoría plantea que el exoplaneta no se formó en su posición actual próxima a la estrella, sino en zonas mucho más distantes y frías dentro de su sistema planetario. En aquellos lugares, el hielo rico en deuterio era abundante, por lo que la composición observada sería resultado de una migración posterior hacia el interior, hasta la órbita que ocupa en la actualidad.
Perspectivas para la caracterización de mundos rocosos
Aunque el descubrimiento químico es relevante, las condiciones físicas de WASP-39b descartan cualquier posibilidad de habitabilidad. El exoplaneta presenta temperaturas cercanas a los mil grados Celsius, lo que hace que su superficie y atmósfera sean inhóspitas e incompatibles con la vida tal como se conoce.
No obstante, los investigadores destacan el valor metodológico de este hallazgo. La capacidad demostrada por el telescopio James Webb para identificar pequeños detalles moleculares en la atmósfera de un gigante gaseoso a setecientos años luz establece una base técnica para aplicar estas técnicas de espectroscopia en planetas rocosos más pequeños y con temperaturas moderadas, orientando futuras investigaciones hacia la búsqueda de mundos con condiciones similares a las de la Tierra.

















