Cinco años tras la muerte de la destacada colaboradora televisiva, su patrimonio revela una filosofía enfocada en la liquidez y la estabilidad familiar frente a la acumulación de bienes inmuebles o negocios.
Mila Ximénez falleció el 23 de junio de 2021 a los 69 años, momento en que España despidió a una de las figuras más influyentes de la televisión moderna. Su partida puso fin a una carrera profesional superior a cuatro décadas en la que experimentó prácticamente todas las facetas de la fama: desde sus comienzos como periodista en ABC y su colaboración en radio junto a Encarna Sánchez, hasta convertirse en uno de los rostros más emblemáticos de Telecinco y del fenómeno televisivo Sálvame. Mientras la atención mediática se centraba en el dolor de familiares y allegados, se iniciaba un proceso mucho más discreto: la gestión de un patrimonio conformado tras años de aciertos, fallos financieros, proyectos empresariales infructuosos y una intensa presencia televisiva que la posicionó como una de las colaboradoras mejor pagadas de su época.
Transcurridos cinco años, las preguntas sobre el verdadero estado del patrimonio de Mila Ximénez, el destino de sus empresas en los últimos años, la existencia de activos vinculados a su nombre y quién resguarda actualmente su legado invitan a esclarecer algunas ideas preconcebidas. A pesar de los millones obtenidos durante sus años de mayor exposición mediática, la periodista no constituyó un gran imperio empresarial ni acumuló un considerable patrimonio inmobiliario como algunos otros personajes de la televisión española. En buena medida, su historia económica puede interpretarse desde una dirección opuesta: la de una mujer que, tras atravesar dificultades financieras reales, optó por priorizar la liquidez, la autonomía y la tranquilidad familiar por encima de estrategias patrimoniales complejas.
Una fortuna construida desde los platós de televisión
Aunque en sus últimos años fue inseparable de Mediaset, Mila Ximénez inició su relación con los medios mucho antes de la existencia de programas como Sálvame. Ya en los años ochenta desarrollaba una activa carrera periodística. Participó en proyectos vinculados a Jaime Peñafiel, colaboró con Encarna Sánchez en COPE y destacó con su sección Un café con Mila en ABC, donde entrevistó a figuras destacadas de la política, la sociedad y la cultura españolas.
No obstante, su incorporación a la televisión transformó radicalmente su situación económica. Tras una etapa difícil posterior a su divorcio de Manolo Santana, encontró en la pantalla una nueva oportunidad profesional. Programas como Crónicas Marcianas, A tu lado, TNT y La Noria consolidaron su presencia televisiva, que alcanzó su máxima expresión con su entrada en Sálvame en 2009. Durante más de diez años fue una colaboradora central del programa, complementando su trabajo con apariciones en Sábado Deluxe, colaboraciones editoriales, entrevistas exclusivas y participaciones en realities exitosos como Supervivientes y Gran Hermano VIP.
Esta actividad constante le permitió recuperar una economía que años antes había sufrido graves dificultades. Al fallecer, la herencia destinada a su hija Alba Santana se estimó en torno a los tres millones de euros, cantidad que reflejaba más de veinte años de trabajo intenso en televisión, revistas y programas con alta audiencia. Este monto la situó entre las colaboradoras televisivas que lograron traducir su popularidad en una estabilidad económica notable, a pesar de mantener siempre una relación poco habitual con el dinero y los bienes patrimoniales.
Los proyectos empresariales que intentaron ampliarla como empresaria
Aunque la televisión constituyó su principal fuente de ingresos, Mila Ximénez trató de aprovechar su fama para emprender iniciativas empresariales propias, ninguna de las cuales alcanzó el éxito esperado.
El proyecto más destacado fue Kisé, una línea de cosméticos lanzada en 2016 y enfocada en el cuidado de la piel. Esta iniciativa surgió en una etapa de gran popularidad y pretendía competir en un sector donde otros personajes públicos habían hallado oportunidades comerciales. La actividad se desarrollaba a través de Alexal y Malube SL, sociedad en la que figuraba como administradora su hija Alba Santana. Aunque el lanzamiento contó con una considerable repercusión mediática y sus productos obtuvieron visibilidad inicial, el negocio no llegó a consolidarse y desapareció pocos años más tarde.
Previamente, había creado Almisan 2 SL, una empresa dedicada a consultoría y gestión empresarial que permaneció activa más de diez años. Diversas fuentes señalaron que esta estructura se utilizaba para canalizar parte de sus ingresos profesionales durante una etapa en la que numerosos colaboradores y artistas facturaban mediante sociedades mercantiles.
También emprendió otros esfuerzos en el ámbito empresarial. Un proyecto hostelero desarrollado con su hermano en El Puerto de Santa María resultó en pérdidas. Del mismo modo, una colección de joyas creada junto al diseñador argentino Gustavo Marinaro no logró continuidad. En conjunto, el balance de sus negocios es notable: mientras su imagen generaba audiencias millonarias, sus iniciativas fuera del medio televisivo no replicaron ese éxito.
La decisión empresarial que clarifica su herencia
Una fecha clave para comprender el legado económico de Mila Ximénez es 2020. En ese año, en paralelo al deterioro de su salud, optó por extinguir Alexal y Malube SL, la última sociedad vinculada a su actividad empresarial, cerrando con ello toda estructura societaria relevante bajo su nombre.
Esta decisión respondía a una filosofía que mantuvo durante años. No mostró interés especial en acumular propiedades ni construir un patrimonio complejo. Según quienes la conocieron, una de sus principales preocupaciones era no dejar problemas pendientes a su familia. Buscaba que todo estuviera claro, ordenado y libre de conflictos futuros. Por ese motivo, distribuyó sus pertenencias personales, dejó instrucciones precisas y clausuró cualquier asunto económico que pudiera resultar problemático administrativa o legalmente. Su objetivo no era maximizar el patrimonio heredado, sino simplificarlo.
Estado actual de su patrimonio y quién resguarda su legado
Cinco años después de su muerte, el patrimonio de Mila Ximénez continúa reflejando la especial relación que mantuvo con el dinero a lo largo de su vida. A diferencia de otras figuras televisivas de su generación, no creó un amplio entramado empresarial ni apostó por un amplio patrimonio inmobiliario.
La mayor parte de la herencia que dejó a su única hija, Alba Santana, consiste en los ahorros acumulados tras décadas de trabajo frente a las cámaras, junto a algunas inversiones, joyas, objetos personales y diversos bienes que fue distribuyendo entre familiares y amigos antes de su fallecimiento. Destaca una decisión que define su concepto de riqueza: durante años vivió en viviendas alquiladas, primero en el barrio de Salamanca y luego en una amplia residencia en Chamartín, convencida de que prefería destinar su dinero a disfrutar la vida, viajar y compartir tiempo con sus seres queridos, en lugar de inmovilizarlo en propiedades.
En este sentido, Alba Santana ha asumido el rol de principal custodia de ese legado. Alejada históricamente del foco público y establecida desde hace años en los Países Bajos con su esposo y sus hijos, la hija de Mila ha conservado un perfil discreto, similar al que mantuvo durante la enfermedad y fallecimiento de su madre. Sin apariciones públicas ni intentos de rentabilizar la fama familiar, Alba ha protegido la imagen de una Mila Ximénez que siempre quiso que su patrimonio sirviera a su familia y no al contrario. Más allá de cifras, propiedades o empresas constituidas a lo largo de su vida, el verdadero legado de la colaboradora es una carrera profesional que impactó a varias generaciones y una forma de vida basada en un principio: el dinero tiene valor cuando ayuda a mejorar la calidad de vida, no solo para acumular riqueza.
Únete al canal de WhatsApp de Más que al día
Recibe las alertas de última hora directamente en tu móvil.
UNIRME GRATIS AL CANAL
















