Dos décadas después de su puesta en marcha, expertos, víctimas y autoescuelas examinan un sistema que ha evitado más de 8.500 muertes, aunque presenta limitaciones ante conductores con problemas de adicción.
MADRID.– La introducción del carné por puntos en España, que hoy cumple veinte años, supuso un cambio decisivo para la seguridad vial y se estableció como el pilar de una nueva política de tráfico. Desde el 1 de julio de 2006, la conducción dejó de ser un trámite indefinido para convertirse en un derecho condicionado que cada conductor debe mantener. Dos décadas y dos modificaciones legislativas después, el sistema alcanza su madurez con el nivel más bajo de siniestralidad registrado y abre la discusión sobre la necesidad de una reforma profunda para afrontar el problema de los conductores reincidentes.
El contexto inicial era preocupante: en 2005, las carreteras españolas contabilizaron 4.442 fallecidos, una cifra alarmante que impulsó una respuesta normativa contundente. Los resultados del carné por puntos fueron graduales pero significativos: en 2012, por primera vez, las muertes en carretera descendieron por debajo de 2.000. Según los datos más recientes de 2025, España registró 1.119 víctimas mortales en vías públicas, la cifra más baja en la historia del país, alcanzada en un momento de alta movilidad y desplazamientos.
Una transformación cultural que salva miles de vidas
Los estudios técnicos coinciden en destacar la influencia positiva del permiso por puntos. De acuerdo con información proporcionada a EFE por la Fundación Mapfre, esta medida ha logrado reducir la siniestralidad total aproximadamente un 10%. Jesús Monclús, director del Área de Prevención y Seguridad Vial de la Fundación, traduce este porcentaje en un impacto humano estimado en unas 8.540 vidas evitadas en estas dos décadas.
Considerando el periodo 2005-2006, etapa anterior a la normativa y de alta conciencia social, España registraba una media anual de 4.273 muertos por accidentes. “Reducir un 10% significa evitar alrededor de 427 muertes cada año”, explica Monclús. El experto subraya que el éxito del sistema radica en generar un cambio profundo en la conducta de los conductores, fomentando la responsabilidad a la hora de preservar el saldo de puntos mediante el cumplimiento estricto de las normas de tráfico.
Modificaciones en el régimen sancionador
Durante sus veinte años de vigencia, el carné por puntos ha sido objeto de dos reformas significativas. La primera, en 2011, buscó agilizar el proceso sancionador. La segunda, más reciente y relevante, se implementó en 2022, con el fin de endurecer las sanciones sobre conductas peligrosas actuales.
Dicha reforma incrementó de tres a seis los puntos que se detraen por el uso de dispositivos móviles sosteniéndolos en la mano mientras se conduce, una causa principal de distracción que conlleva riesgos fatales. Además, aumentó las sanciones para conductas como arrojar objetos en la vía que puedan causar incendios o accidentes, poner en peligro a ciclistas al adelantar, y el uso incorrecto de elementos de seguridad como el cinturón, casco o sistemas de retención infantil. También se uniformó a dos años el tiempo necesario sin infracciones para recuperar el saldo máximo de 12 puntos, salvo que se haya agotado completamente.
El reto pendiente: los conductores reincidentes
A pesar del claro avance logrado, asociaciones de víctimas y expertos coinciden en que el sistema muestra debilidades ante un perfil particular: los infractores reincidentes. Las críticas se centran especialmente en conductores con adicciones al alcohol o drogas, quienes representan un riesgo elevado para la seguridad vial.
Mar Cogollos, presidenta de la Asociación para el Estudio de la Lesión Medular Espinal (Aesleme), valora positivamente los cursos de recuperación de puntos como herramienta clave para la concienciación, aunque lamenta la falta de medidas más estrictas para detener a quienes reinciden de forma sistemática.
De manera similar, Ana Novella, presidenta de Stop Accidentes, señala que la adicción es un problema de salud pública que supera el alcance educativo de las autoescuelas. “No debería ser habitual que una misma persona recupere puntos reiteradamente. Cuando la pérdida se debe a una adicción, el curso no basta para resolver el problema. Es necesario un enfoque más riguroso”, apunta Novella.
Capacitación preventiva para toda la población
Desde el ámbito educativo, Enrique Lorca Sánchez, presidente de la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE), considera que el carné por puntos marcó un antes y después notable en la seguridad vial, resaltando el papel fundamental de los cursos de recuperación. Lorca destaca que la mayoría de los conductores que participan en estas sesiones se preguntan por qué no recibieron una formación similar al obtener su permiso. Por ello, el CNAE apuesta por incluir estos contenidos con carácter general para todos los futuros conductores.
Por su parte, el Real Automóvil Club de España (RACE) ubica al carné por puntos entre las normativas más efectivas en el país. Sin embargo, propone avanzar hacia un sistema basado en incentivos positivos. Su sugerencia es que los cursos de conducción segura no solo corrijan conductas de riesgo tras sanciones, sino que también premien a quienes mantienen un compromiso sostenido con la seguridad vial.
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