Rabat / Ceuta — La sustitución en la jefatura del Ejecutivo marroquí con la llegada al cargo de Fatima-Zahra El Mansouri, líder del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), no implicará modificaciones ni cambios en la política exterior de Marruecos hacia España. La línea diplomática del reino alauí seguirá bajo la supervisión directa del rey Mohamed VI, quien, conforme a la Constitución, posee las competencias exclusivas en las decisiones estratégicas y las relaciones internacionales.
Aunque El Mansouri formará próximamente su Gabinete en alianza con partidos como Istiqlal y formaciones socialistas, los ministerios clave relacionados con la soberanía —como Asuntos Exteriores, Interior, Defensa y Asuntos Religiosos— continuarán bajo el control directo de la Corona. Analistas y expertos en las relaciones entre ambos países coinciden en que el papel de las instituciones gubernamentales y Ministerios es únicamente llevar a cabo la visión estratégica definida por el monarca, independientemente del perfil ideológico del Ejecutivo entrante o saliente.
Antecedentes y la centralidad del Sáhara
Esta diferenciación entre la orientación política del Palacio y las posturas de los partidos en el Gobierno ha sido habitual en Marruecos. En ocasiones anteriores, como durante la normalización de las relaciones con Israel en diciembre de 2020, fue el Palacio quien determinó la orientación diplomática, por encima de la opinión oficial de los partidos que dirigían el Ejecutivo entonces. En esta línea, figuras diplomáticas como el ministro de Asuntos Exteriores, Naser Burita, han mantenido su cargo a lo largo de varios gobiernos consecutivos.
La prioridad de esta política exterior seguirá siendo fomentar el respaldo internacional a la propuesta de autonomía para el Sáhara Occidental, un pilar fundamental de la diplomacia marroquí que ya cuenta con el apoyo expreso de países como Estados Unidos, Francia y España.
Tensión diplomática tras la crisis de Ceuta
Esta continuidad estratégica se presenta en un contexto de especial precaución en la relación Madrid-Rabat. La llegada masiva de migrantes a finales de julio en Ceuta provocó un aumento de la tensión tras dos años de mejoras bilaterales, generando intercambios de reproches y un distanciamiento visible en recientes gestos diplomáticos.
Ante este panorama y las críticas que el propio Mohamed VI formuló recientemente al modelo de cooperación migratoria, especialistas en relaciones internacionales señalan la «paciencia estratégica» que históricamente caracteriza a la diplomacia marroquí. A pesar de los roces políticos puntuales, prevalece la interdependencia geográfica y económica entre ambos países: España sigue siendo el principal inversor en Marruecos y actúa como un puente fundamental para el acceso del reino a Europa, de igual forma en que Marruecos es un enlace clave para la presencia española en África.
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