La llegada masiva de personas desde Marruecos vuelve a colocar a Ceuta en el centro del delicado balance diplomático que España mantiene con Rabat y Argel. Esta situación surge días después de que Pedro Sánchez iniciara una nueva etapa con Argelia, aunque el Ejecutivo descarta que se trate de una represalia marroquí y, hasta la fecha, no existen evidencias que vinculen ambos hechos.
La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
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La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
La llegada masiva de personas desde Marruecos vuelve a colocar a Ceuta en el centro del delicado balance diplomático que España mantiene con Rabat y Argel. Esta situación surge días después de que Pedro Sánchez iniciara una nueva etapa con Argelia, aunque el Ejecutivo descarta que se trate de una represalia marroquí y, hasta la fecha, no existen evidencias que vinculen ambos hechos.
La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
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La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
La llegada masiva de personas desde Marruecos vuelve a colocar a Ceuta en el centro del delicado balance diplomático que España mantiene con Rabat y Argel. Esta situación surge días después de que Pedro Sánchez iniciara una nueva etapa con Argelia, aunque el Ejecutivo descarta que se trate de una represalia marroquí y, hasta la fecha, no existen evidencias que vinculen ambos hechos.
La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
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La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
La llegada masiva de personas desde Marruecos vuelve a colocar a Ceuta en el centro del delicado balance diplomático que España mantiene con Rabat y Argel. Esta situación surge días después de que Pedro Sánchez iniciara una nueva etapa con Argelia, aunque el Ejecutivo descarta que se trate de una represalia marroquí y, hasta la fecha, no existen evidencias que vinculen ambos hechos.
La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.
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La reciente crisis migratoria en Ceuta ha reabierto el debate sobre el uso de los controles fronterizos como una posible herramienta de presión diplomática. La proximidad temporal entre estas llegadas y el viaje de Pedro Sánchez a Argelia ha generado comparaciones con lo sucedido en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas ingresaron en la ciudad autónoma tras que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
La escala del actual incidente es sin precedentes. Fuentes oficiales calculan que alrededor de 49.000 personas cruzaron hacia Ceuta en 24 horas, y se han hallado al menos 19 cuerpos en el mar. Esta situación llevó al Gobierno a desplegar militares y agentes especializados para colaborar con la Guardia Civil en la vigilancia fronteriza.
Este episodio ocurrió a pocos días de la visita oficial de Sánchez a Argel, realizada el 20 de julio de 2026. En ese encuentro, España y Argelia anunciaron el inicio de una nueva etapa en sus relaciones y acordaron organizar en octubre la VIII Reunión de Alto Nivel entre ambos países.
Además, Sánchez resaltó que Argelia se sitúa como el principal suministrador de gas natural para España en lo que va de 2026 y apostó por una cooperación más amplia en sectores como energía, industria, infraestructuras y tecnología. La nota oficial de La Moncloa no anunció una compra concreta de gas durante esa visita, pero sí confirmó el deseo de ambos gobiernos de fortalecer su asociación estratégica.
Este acercamiento en el ámbito energético se venía gestando desde marzo. En una visita del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ambas autoridades convinieron aumentar el volumen de gas que Argelia suministra a España y fortalecer la cooperación en infraestructuras energéticas. Asimismo, Argelia reactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que había suspendido en 2022.
Dichos movimientos tienen especial importancia para Marruecos, dado su prolongado antagonismo con Argelia y las divergencias acerca del Sáhara Occidental. Mientras Rabat sostiene que el territorio debe permanecer bajo soberanía marroquí con un régimen autónomo, Argelia apoya al Frente Polisario y su demanda de autodeterminación.
El antecedente de Brahim Ghali y la crisis de 2021
La presión fronteriza actual evoca inevitablemente lo ocurrido en mayo de 2021. Un mes antes, España permitió la entrada de Brahim Ghali para recibir atención médica por covid-19 en el Hospital San Pedro de Logroño.
El líder saharaui llegó el 18 de abril en un avión medicalizado proporcionado por Argelia y fue trasladado desde la base aérea de Zaragoza. Permaneció en España hasta principios de junio, tras declarar ante la Audiencia Nacional por varias querellas y quedar en libertad sin medidas cautelares.
Marruecos interpretó esa acogida como un gesto diplomático ofensivo. Durante los días 17 y 18 de mayo, aproximadamente 8.000 personas ingresaron en Ceuta debido a una inusual relajación de los controles marroquíes. Un representante del Gobierno de Rabat vinculó públicamente esta reacción con la decisión española de asistir a Ghali.
La Unión Europea criticó el uso de la migración y de menores no acompañados como herramienta de presión política. Por su parte, el Gobierno español acusó a Marruecos de vulnerar la frontera motivado por una discrepancia en política exterior.
La entrada de Ghali también originó una investigación judicial contra la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Zaragoza archivó el caso al no encontrar indicios suficientes de prevaricación, falsificación documental o encubrimiento.
El cambio en la postura sobre el Sáhara y la ruptura con Argelia
Las relaciones entre Madrid y Rabat no comenzaron a normalizarse sino hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno de Sánchez reconoció la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la opción “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto.
Este cambio favoreció la recomposición de vínculos con Marruecos, pero generó una grave crisis con Argelia. El gobierno argelino suspendió el Tratado de Amistad con España y se aplicaron restricciones comerciales.
La reactivación del tratado en marzo de 2026 y la visita de Sánchez en julio indicaron oficialmente la superación de esa etapa. No obstante, la entrada masiva a Ceuta pocos días después ha puesto nuevamente en cuestión la estabilidad del complicado equilibrio español con Marruecos y Argelia.
Madrid descarta una represalia de Marruecos
A diferencia de 2021, el Gobierno español no atribuye la responsabilidad a Rabat. Interior sostiene que Marruecos coopera y explica la movilización por varios factores, incluyendo la acción de redes criminales, rumores en redes sociales y una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones inmediatas de quienes llegan a nado.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, indicó que la resolución judicial pudo influir en las llegadas, pero esta relación no se ha probado como causa única de la crisis. España y Marruecos han incrementado los controles y anunciado que intentarán devolver legalmente a quienes hayan entrado de forma irregular.
La coincidencia entre la visita a Argelia y la crisis en Ceuta genera sospechas políticas, especialmente por el precedente de 2021. Sin embargo, no hay pruebas públicas que confirmen que Marruecos haya facilitado las entradas como represalia por el acercamiento español a Argelia.
Lo demostrado es que la presión migratoria resalta la dependencia que Ceuta tiene de la cooperación con Marruecos y del equilibrio diplomático que España mantiene en el Magreb.

















