El Barómetro ‘Food 2026’ de Enred señala el aumento del efecto que tienen los precios de la cesta de compra en los presupuestos familiares, aun cuando la inflación alimentaria ronda el 2%.
Los presupuestos de las familias españolas siguen sufriendo las consecuencias acumuladas del incremento del coste de vida. Aunque la inflación en alimentos se ha mantenido cerca del 2% durante la segunda mitad de este año, la presión sobre las finanzas domésticas persiste. Según el Barómetro ‘Food 2026’ realizado por Enred junto a Hostelería de España y la Fundación Española de Nutrición, uno de cada cuatro ciudadanos en España ya destina más del 30% de sus ingresos mensuales a comprar alimentos.
El informe revela una rigidez en la distribución del gasto, ya que solo el 23% de las personas podría reducir esta proporción del gasto en alimentación. A la vez, existe una paradoja económica en el patrón de consumo: mientras la inflación constante reduce el poder adquisitivo y aumenta el importe monetario dedicado a la cesta, esta mayor inversión no representa un aumento real en la cantidad de alimentos consumidos.
Amenaza de nuevas subidas por el encarecimiento de los costes agrarios
Las previsiones a corto y medio plazo para la cadena alimentaria muestran señales de incertidumbre. El ‘Informe Sectorial Agroalimentario’ de CaixaBank Research alerta sobre posibles riesgos latentes que podrían provocar nuevos aumentos en el precio final de los alimentos. Aunque hasta agosto el 60% de los productos alimentarios aumentó menos del 2%, el instituto financiero destaca la presión que enfrentan los productores de la materia prima.
El origen de este riesgo está en la subida constante de los costes para los agricultores, impulsada principalmente por el incremento en el precio de los combustibles y fertilizantes, junto con el reciente aumento en el costo de los alimentos sin procesar. Según datos oficiales del Ministerio de Agricultura de abril, el precio del gasóleo agrícola subió un 27%, mientras que el precio de los fertilizantes creció un 19,5%.
Ante esta situación inestable, el comportamiento del consumidor español se encuentra en proceso de ajuste. Pedro Álvarez, economista de CaixaBank Research y coautor del estudio, observa «una tendencia a moderar el gasto» y a modificar la composición de la compra. Los expertos del centro identifican dos patrones: por un lado, la limitación del gasto debido al encarecimiento de los productos, y por otro, la implementación de cambios estructurales en las rutinas alimentarias.
Esta reorganización favorece productos considerados saludables, nutritivos y accesibles. Los huevos son un ejemplo, con un aumento en su consumo cercano al 2% entre 2024 y 2026. En contraste, hay descensos en productos de mayor coste relativo, como pescado, frutas frescas, verduras y lácteos.
Por otro lado, la demanda de aceite de oliva ha aumentado casi un 10%, impulsada por una significativa disminución de sus precios en los meses recientes. Además, se incrementa la compra de platos preparados para ahorrar tiempo, mientras que el consumo de carne y pan registra aumentos cercanos al 2%.
Cambio climático y tensiones comerciales merman el superávit exterior
El análisis de CaixaBank Research destaca tres focos centrales de tensión que complican la producción y distribución alimentaria: el impacto del cambio climático, las distorsiones en el comercio internacional y la propia inflación en alimentos. En lo meteorológico, los fenómenos climáticos adversos, como sequías prolongadas o lluvias intensas, siguen afectando al ámbito agrícola español.
Según datos de Agroseguro citados por Álvarez, los eventos climáticos extremos afectaron a 1,2 millones de hectáreas en 2025. En el primer semestre actual, los pagos por indemnizaciones por estos riesgos — principalmente por pedrisco — alcanzaron los 374 millones de euros.
En cuanto al comercio internacional, factores como las tensiones geopolíticas en el Estrecho de Ormuz y el aumento de barreras proteccionistas están afectando las relaciones comerciales. En el primer semestre, las exportaciones agroalimentarias españolas bajaron un 1,4%, mientras que las importaciones subieron un 2,3%. Esto redujo el superávit comercial sectorial a 10.331 millones de euros, un descenso del 11% respecto al año anterior.
La reducción en las ventas exteriores se concentra en mercados clave fuera de la Unión Europea. Las exportaciones a China cayeron en torno al 0,6%, y las dirigidas a Estados Unidos bajaron cerca del 0,4%. Este descenso impacta directamente a sectores como aceites, conservas y hortalizas, con especial efecto en provincias andaluzas (Sevilla, Málaga), catalanas (Barcelona, Tarragona), y también en Madrid y La Rioja.
De igual forma, los envíos a Marruecos disminuyeron cerca de un 0,2%, y las ventas a Reino Unido bajaron un 0,1%. Por el contrario, el mercado comunitario presenta señales positivas, con incrementos en ventas a Alemania (0,4%), Suecia (0,2%), Países Bajos, Francia y Suiza. Por productos, destaca la caída en carnes, cuya contribución a las exportaciones bajó casi un 2%, seguida de conservas vegetales y frutas, que descendieron medio punto porcentual. En contraste, las hortalizas y frutas mantienen un desarrollo favorable, con incrementos del 1% y 0,5% respectivamente.
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