Lo que comenzó como una hospitalización por pancreatitis terminó en una grave discapacidad para Agapito, un hombre de 48 años que ahora presenta tetraplejia y una incapacidad total. Esto se produjo tras la administración de un fármaco al que era alérgico, algo que estaba registrado en su historial clínico.
Un error reconocido y corregido
El suceso tuvo lugar en el Hospital Montecelo de Pontevedra. Según la denuncia elaborada por Bley Abogados, una enfermera administró a Agapito un analgésico (presuntamente metamizol, comercializado como Nolotil). Inmediatamente, el paciente sufrió un shock anafiláctico y una parada cardiorrespiratoria que le causó un daño cerebral severo.
Las evidencias presentadas ante el juzgado de Madrid son contundentes:
- En el registro de administración de medicamentos se observa la palabra «metamizol» escrita a mano y luego tachada.
- Los informes de la unidad de cuidados intensivos señalan explícitamente una «posible administración accidental» del medicamento.
- El historial clínico del paciente registraba previamente un shock anafiláctico debido a esta misma sustancia.
El conflicto por la indemnización: el valor de una vida
Francisco Daniel, hijo de Agapito, reclama 1,4 millones de euros a Relyens, la aseguradora del Servicio Gallego de Salud (Sergas). Esta cantidad tiene como objetivo pagar las terapias y cuidados que su padre necesitará a lo largo de su esperanza de vida, calculada en 26 años por peritos.
No obstante, la aseguradora ha generado la indignación de la familia al proponer reducir la suma compensatoria a 206.488 euros. Su argumento es que la esperanza de vida de Agapito sería de solo cinco años, alegando complicaciones médicas que, según su hijo, ni siquiera han sido evaluadas presencialmente.
«Sugieren que si mi padre sobrevive solo cinco años, estaríamos obteniendo un beneficio económico. Mi intención es únicamente que reciba las terapias necesarias para mejorar su calidad de vida», lamenta Francisco Daniel.
Limitado en su propio cuerpo
Actualmente, Agapito solo tiene capacidad para comunicarse mediante movimientos oculares y gestos orales, sin poder pronunciar palabras, y depende de una sonda gástrica para su alimentación. Su hijo comenta que su padre, antes de este error médico, era una persona activa y practicante de fútbol.
A pesar del «abandono social» que denuncia la familia, Agapito ha mostrado progresos leves gracias a la rehabilitación privada que su hijo financia a través de campañas de micromecenazgo en redes sociales bajo el lema «Luchandopormilsonrisasdemipapa».
Este caso destaca la importancia de cumplir rigurosamente los protocolos de seguridad hospitalaria. «Verificar las alergias es algo fundamental», remarca Francisco Daniel, cuya vida y la de su padre cambiaron irreversiblemente tras una administración que nunca debió ocurrir.
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