La realidad educativa en Ceuta es clara y preocupante: desde hace años, los informes PISA sitúan a la ciudad, junto a Melilla, en los últimos puestos del sistema educativo español. Esto no responde a un problema temporal, sino a una dificultad estructural que requiere decisiones firmes y un liderazgo responsable.
No obstante, la gestión actual desde la Dirección Provincial de Educación no refleja esa necesidad. El caso de Miguel Señor Alonso se ha convertido en un símbolo de una administración cuestionada y una situación delicada.
El incidente conocido como “cese y no cese” evidenció la falta de coherencia institucional. Anunciar la salida de Miguel Señor Alonso para luego revertir la decisión en pocas horas disminuye la autoridad de la Administración y transmite una imagen de incertidumbre, justo cuando el sistema educativo necesita estabilidad.
Aún más complejo es el contexto judicial que pesa sobre el responsable educativo. Miguel Señor Alonso está implicado en una querella por presunta prevaricación que continúa su trámite legal. No se trata de especulaciones políticas, sino de un proceso judicial vigente que pone en cuestión su actuación en el cargo.
Si bien la presunción de inocencia es fundamental, la responsabilidad pública va más allá de lo legal; abarca también aspectos éticos e institucionales que resultan cruciales en este caso.
Surge entonces la pregunta: ¿puede permitirse Ceuta contar con un responsable educativo envuelto en controversias permanentes y con un proceso judicial abierto? ¿Es este el perfil adecuado para liderar la educación en una ciudad con indicadores educativos tan desfavorables?
Para muchos, la respuesta es negativa.
Mientras los conflictos y cuestionamientos persisten, los principales afectados son los estudiantes, quienes ya enfrentan desventajas respecto al resto del país y no pueden continuar soportando una gestión marcada por la incertidumbre.
La permanencia de Miguel Señor Alonso genera dudas y profundiza la desconfianza en el sistema educativo. Sin confianza, avanzar en reformas se vuelve complicado.
Ceuta requiere un cambio significativo, no solo en resultados, sino también en liderazgo. Mantener la situación actual solo agrava una crisis educativa que es demasiado importante para seguir ignorándose.
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