Con un avance del 30%, el proyecto ecológico más ambicioso del planeta busca frenar el desierto, crear 10 millones de empleos y capturar 250 millones de toneladas de carbono antes de 2030.
África está levantando una barrera, pero no es de hormigón. La Gran Muralla Verde es un cinturón de vegetación que pretende cruzar el continente de este a oeste, desde Senegal hasta Yibuti, cubriendo 8.000 kilómetros de largo. Este proyecto, nacido oficialmente en 2007 bajo el ala de la Unión Africana, no es solo una misión de reforestación; es una estrategia de supervivencia para millones de personas en la franja del Sahel, donde el avance del Sahara amenaza con engullir tierras fértiles y biodiversidad.
A diferencia de los planes iniciales que solo contemplaban plantar árboles, la iniciativa ha evolucionado hacia un “mosaico de proyectos” que combina agricultura sostenible, gestión de agua y empoderamiento comunitario.
Un desafío titánico: más allá de plantar árboles
El proyecto enfrenta la realidad de una de las regiones más vulnerables del mundo. Expertos como Deborah Goffner subrayan que el éxito no depende de factores simples como los polinizadores, sino de combatir problemas estructurales:
• Técnicas ancestrales: En Burkina Faso, el método zaï (hoyos que retienen agua y nutrientes) ha permitido recuperar millones de hectáreas degradadas.
• Liderazgo local: En Senegal, las comunidades —especialmente las mujeres— gestionan huertos agroecológicos que garantizan la seguridad alimentaria mientras restauran el suelo.
• Presión demográfica y climática: El sobrepastoreo y la escasez de lluvias son los verdaderos motores de la desertificación, más allá de la falta de vegetación.
Luces y sombras: la carrera contra el reloj para 2030
A pesar de ser un símbolo de resiliencia continental, la Gran Muralla Verde camina a contrarreloj. Actualmente, la ejecución global del proyecto ronda el 30%, una cifra que refleja disparidades importantes entre las naciones participantes. Mientras que en Nigeria se ha alcanzado el 50% en ciertas regiones, los conflictos armados en zonas críticas han obligado a interrumpir los trabajos de supervisión y mantenimiento.
El mayor obstáculo, sin embargo, es el financiero. Aunque en 2021 se prometieron 19.000 millones de dólares, la Agencia Panafricana reconoce que todavía existe una brecha de 33.000 millones de dólares necesarios para cumplir los objetivos de restaurar 100 millones de hectáreas y crear 10 millones de empleos verdes para la juventud local antes de 2030.
El futuro: réplicas en el sur de África
El impacto de la iniciativa es tan potente que la Comunidad para el Desarrollo de África Austral (SADC) ya estudia replicar el modelo en el sur del continente. La idea es utilizar las lecciones aprendidas en el Sahel para diseñar infraestructuras climáticas que protejan los suelos de la región austral.
La Gran Muralla Verde se mantiene como una prueba de fuego para la cooperación internacional. Su éxito definitivo dependerá de si los compromisos de financiación se transforman en recursos reales sobre el terreno y si los gobiernos logran estabilizar las zonas de crisis para que el “muro de vida” pueda florecer.
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