Con un cambio significativo en su política de seguridad posguerra, Japón comenzó este martes a desplegar sus primeros misiles de largo alcance producidos completamente dentro del país. El Ministerio de Defensa anunció la ubicación de estos armamentos en bases estratégicas ubicadas en el suroeste y la zona central del archipiélago, estableciendo una «capacidad de contraataque» que implica un alejamiento claro del estricto pacifismo establecido en la Constitución de 1947.
El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, definió este avance como «esencial» para reforzar la disuasión en un contexto de seguridad descrito como el más desafiante y complejo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Tecnología nacional en un contexto renovado
El despliegue se concentra en dos ubicaciones clave que reflejan la inquietud de Tokio frente al crecimiento militar de China y la situación en Taiwán:
- Campamento Kengun (Kumamoto): Se han instalado unidades del misil guiado tierra-mar Tipo 12 mejorado que cuenta con un alcance de 1.000 kilómetros, permitiendo llegar a áreas costeras chinas y zonas marítimas cercanas a Taiwán.
- Campamento Fuji (Shizuoka): Esta base ha recibido proyectiles planeadores hipersónicos, tecnología avanzada destinada a neutralizar amenazas a larga distancia con gran precisión y velocidad que dificultan su interceptación.
El cambio de paradigma: de defensa a contraataque
Desde 1945, la estrategia de Japón se limitaba a la defensa reactiva. Sin embargo, la administración de la primera ministra conservadora Sanae Takaichi ha acelerado una evolución iniciada por Shinzo Abe y Fumio Kishida. Actualmente, el gobierno ha consolidado el concepto de «capacidades de contraataque», que autoriza ataques a bases de lanzamientos enemigas en caso de agresión.
Este cambio está respaldado por un presupuesto de defensa récord para 2026, que supera los nueve billones de yenes (aproximadamente 50.000 millones de euros), incrementándose un 9,4% respecto al año anterior. Además de los misiles nacionales, Japón incorpora los Tomahawk estadounidenses en su arsenal, creando una red de fuego sin precedentes en la región del Pacífico.
Evolución en la opinión pública y contexto regional
El fortalecimiento militar no solo es una cuestión institucional sino también social. Encuestas recientes muestran que el 45,2% de la población japonesa ahora apoya el aumento de capacidades de las Fuerzas de Autodefensa, un aumento significativo respecto al 9% registrado en los años 90. Expertos como Hiroshi Tanaka, de la Universidad de Tokio, señalan que Japón no adopta un militarismo tradicional, sino que busca adaptarse para asegurar su supervivencia en un entorno marcado por la creciente agresividad china, las pruebas nucleares de Corea del Norte y la inestabilidad global causada por la guerra en Ucrania.
Pekín ha respondido presionando económicamente a Tokio y aumentando sus incursiones cerca de las islas Senkaku. Con bases en Yonaguni situadas a solo 112 kilómetros de Taiwán, Japón ocupa ahora una posición estratégica en primera línea, desplazando su antiguo rol de «gigante económico y poder político limitado» para consolidarse como una fuerza militar activa en la región del Indo-Pacífico.
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