La televisiva se abre en ‘¡De viernes!’ y relata los episodios más difíciles de su matrimonio, explicando cómo las infidelidades del DJ deterioraron su confianza y autoestima.
Después de un tiempo manteniendo la discreción, Irene Rosales ha vuelto a situarse en el foco mediático a través del programa ¡De viernes!. En una conversación con Santi Acosta, la ex esposa de Kiko Rivera abordó uno de los períodos más delicados de su vida en pareja: las reiteradas infidelidades del DJ y el impacto que tuvieron en la relación.
La tristeza por la pérdida y la traición
Rosales revivió con especial tristeza un episodio que coincidió con el fallecimiento de su madre. La colaboradora explicó que en ese momento de gran fragilidad descubrió que su entonces esposo mantenía contactos con otra mujer. «Estaba centrada en el problema de mi madre y en ese instante sentí que la persona que debía apoyarme buscaba alejarse», comentó con evidente emoción. Aunque cree que no existió contacto físico, el suceso y el momento en que ocurrió provocaron un daño profundo e irreversible en la pareja.
Un patrón de perdón acompañado de inseguridad
Durante los once años que duró la relación, Irene reconoció que su forma de afrontar las deslealtades fue olvidar y seguir adelante. A pesar de las múltiples noticias que se difundieron en televisión, aseguró que nunca lo recriminó en privado: «Si perdonaba, lo hacía completamente». Sin embargo, esta postura supuso un gran desgaste personal, puesto que confesó sentirse mucho más insegura tras su matrimonio.
Precisó además que, aunque las adicciones de Kiko casi provocaron la ruptura definitiva, las infidelidades no fueron el motivo por el que decidió no abandonar el hogar familiar.
«He sentido una gran humillación»
La parte más intensa de la entrevista llegó cuando Irene reflexionó sobre el escrutinio público que ha vivido. «La opinión general es que he sido alguien a quien le fueron infiel en repetidas ocasiones. Me han llegado a llamar ingenua o cornuda, y eso resulta muy doloroso», confesó. Con un análisis sincero, añadió que, aunque el primero que la faltó al respeto fue su marido, también reconoció que ella no actuó a tiempo para poner límite a esa situación.
«Me he sentido humillada, y esa sensación persiste a día de hoy», concluyó con firmeza. De este modo, Irene cierra este capítulo de su vida pública admitiendo que su error principal fue no valorarse lo suficiente en un contexto que estuvo constantemente bajo la mirada ajena.
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