Un nuevo estudio de la Universidad de Columbia Británica revela que la proteína “escudo” de los osos de agua protege el ADN, pero a un coste biológico que podría ser letal para las células humanas.
La fascinación científica por los tardígrados (u “osos de agua”) ha dado un vuelco inesperado. Tras años teorizando sobre cómo su proteína Dsup (Damage Suppressor) podría convertir a los astronautas en “superhumanos” capaces de resistir la radiación cósmica en viajes a Marte, una investigación liderada por Corey Nislow y publicada recientemente en bioRxiv (enero de 2026) pone los pies en la tierra: la protección tiene un precio.
El equipo de Nislow ha descubierto que, aunque la proteína Dsup es extremadamente eficaz envolviendo el ADN para protegerlo de agentes mutagénicos y radiación, su presencia masiva interfiere con las funciones vitales de la célula.
El “abrazo” que protege y asfixia al ADN
El mecanismo de supervivencia de los tardígrados es tan fascinante como complejo. La proteína Dsup funciona como un blindaje físico que se adhiere a la cromatina. Sin embargo, el estudio detalla efectos secundarios críticos:
• Bloqueo de la replicación: Al rodear el material genético de forma tan compacta, la proteína dificulta que las enzimas encargadas de leer (transcripción) y duplicar (replicación) el ADN puedan hacer su trabajo.
• Sabotaje de la reparación natural: Paradójicamente, el escudo impide que los sistemas de reparación de la propia célula detecten y arreglen daños genéticos, lo que en última instancia puede llevar a la muerte celular.
• Límite de viabilidad: Los ensayos en levaduras y células modificadas mostraron que niveles elevados de Dsup reducen drásticamente la supervivencia. Es, literalmente, una protección que puede resultar letal.
¿Se acabó el sueño de los “astronautas tardígrado”?
Hace apenas un par de años, la administración de ARNm de Dsup mediante nanopartículas (una tecnología similar a la de las vacunas actuales) se veía como la solución definitiva para proteger a las tripulaciones de forma temporal. El propio Nislow admite que esta estrategia, que parecía infalible, debe ser replanteada.
El reto ahora no es solo introducir la proteína, sino controlar su dosis y temporalidad. Como señala James Byrne (Universidad de Iowa), producir Dsup de forma continua sería un desastre para la salud, pero su uso puntual y localizado en momentos de alta exposición solar en el espacio aún podría tener un resquicio de esperanza.
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