Al cierre de 2025, las Fuerzas Armadas españolas contaban con 128.305 miembros, lo que supone una reducción de 823 efectivos en comparación con el año anterior, según información publicada en el Boletín Oficial del Estado. Esta bajada se concentra en la escala de oficiales, que disminuyó en 1.000 mandos, mientras que la tropa y la marinería registraron un leve incremento.
La falta de personal ocurre en un contexto mundial de creciente inestabilidad y mayores demandas por parte de los países aliados europeos, lo que obliga a España a reconsiderar la modernización y el despliegue de sus tropas. A pesar del incremento presupuestario en Defensa y un aumento salarial de 200 euros mensuales, la captación y retención de efectivos continúa siendo un desafío, especialmente en los roles más exigentes.
El Ministerio de Defensa ha presentado un plan para sumar más de 7.000 nuevos militares hasta el año 2029, aunque las estimaciones indican que España debe cubrir un déficit de aproximadamente 20.000 efectivos para cumplir con sus obligaciones estratégicas y operativas. Esta situación también afecta a los programas de adquisición de equipamiento militar, como fragatas, submarinos y vehículos, que requieren unidades suficientes para su operatividad.
Este asunto cobra particular importancia mientras la OTAN evalúa el cumplimiento español respecto a los objetivos de gasto y capacidades acordados en la Alianza Atlántica, los cuales demandan un incremento sustancial del personal militar en la próxima década.











