La situación migratoria que comenzó a finales de julio en Ceuta ha evidenciado una grave falta de protección para las mujeres y menores presentes en la ciudad autónoma. Por el miedo constante a ser agredidas sexualmente en espacios públicos —expresado por una menor de 17 años que reconoce temer una violación—, aproximadamente 300 mujeres y niñas migrantes se refugian en campamentos improvisados, como el ubicado en el campo de fútbol Sala El Cudia, en el barrio del Príncipe, en busca de un ambiente seguro que no encuentran en la calle.
Este asentamiento, rodeado por vallas y cubierto con lonas, se creó sin respaldo oficial como una iniciativa vecinal para brindar cuidado, comida y acceso a higiene. Los residentes y voluntarios locales han asumido funciones de asistencia y patrullaje durante la noche en el perímetro, con el fin de impedir el acercamiento de personas, habiendo incautado cuchillos y otros objetos peligrosos en semanas recientes. Las mujeres que no acceden a estos refugios suelen pasar la noche agrupadas en áreas boscosas o urbanas, intentando cuidarse mutuamente.
Las declaraciones recogidas en el lugar indican que la mayoría de estas jóvenes han escapado de situaciones extremas en sus países de origen, tales como violencia basada en el género, agresiones físicas, intentos de matrimonio forzado o persecución familiar. A este complejo panorama se añade el miedo constante a sufrir violencia sexual durante su estancia en la ciudad, situación para la que ya se han registrado denuncias y procesos policiales tras su llegada.
Ante esta realidad de alta vulnerabilidad, el Gobierno central contempla la posibilidad de trasladar a unas 500 niñas y jóvenes que se encuentran en estos asentamientos informales hacia centros de acogida en la Península, aunque este procedimiento administrativo aún está en fase de definición.
Únete al canal de WhatsApp de Más que al día
Recibe las alertas de última hora directamente en tu móvil.
UNIRME GRATIS AL CANALLa situación migratoria que comenzó a finales de julio en Ceuta ha evidenciado una grave falta de protección para las mujeres y menores presentes en la ciudad autónoma. Por el miedo constante a ser agredidas sexualmente en espacios públicos —expresado por una menor de 17 años que reconoce temer una violación—, aproximadamente 300 mujeres y niñas migrantes se refugian en campamentos improvisados, como el ubicado en el campo de fútbol Sala El Cudia, en el barrio del Príncipe, en busca de un ambiente seguro que no encuentran en la calle.
Este asentamiento, rodeado por vallas y cubierto con lonas, se creó sin respaldo oficial como una iniciativa vecinal para brindar cuidado, comida y acceso a higiene. Los residentes y voluntarios locales han asumido funciones de asistencia y patrullaje durante la noche en el perímetro, con el fin de impedir el acercamiento de personas, habiendo incautado cuchillos y otros objetos peligrosos en semanas recientes. Las mujeres que no acceden a estos refugios suelen pasar la noche agrupadas en áreas boscosas o urbanas, intentando cuidarse mutuamente.
Las declaraciones recogidas en el lugar indican que la mayoría de estas jóvenes han escapado de situaciones extremas en sus países de origen, tales como violencia basada en el género, agresiones físicas, intentos de matrimonio forzado o persecución familiar. A este complejo panorama se añade el miedo constante a sufrir violencia sexual durante su estancia en la ciudad, situación para la que ya se han registrado denuncias y procesos policiales tras su llegada.
Ante esta realidad de alta vulnerabilidad, el Gobierno central contempla la posibilidad de trasladar a unas 500 niñas y jóvenes que se encuentran en estos asentamientos informales hacia centros de acogida en la Península, aunque este procedimiento administrativo aún está en fase de definición.
La situación migratoria que comenzó a finales de julio en Ceuta ha evidenciado una grave falta de protección para las mujeres y menores presentes en la ciudad autónoma. Por el miedo constante a ser agredidas sexualmente en espacios públicos —expresado por una menor de 17 años que reconoce temer una violación—, aproximadamente 300 mujeres y niñas migrantes se refugian en campamentos improvisados, como el ubicado en el campo de fútbol Sala El Cudia, en el barrio del Príncipe, en busca de un ambiente seguro que no encuentran en la calle.
Este asentamiento, rodeado por vallas y cubierto con lonas, se creó sin respaldo oficial como una iniciativa vecinal para brindar cuidado, comida y acceso a higiene. Los residentes y voluntarios locales han asumido funciones de asistencia y patrullaje durante la noche en el perímetro, con el fin de impedir el acercamiento de personas, habiendo incautado cuchillos y otros objetos peligrosos en semanas recientes. Las mujeres que no acceden a estos refugios suelen pasar la noche agrupadas en áreas boscosas o urbanas, intentando cuidarse mutuamente.
Las declaraciones recogidas en el lugar indican que la mayoría de estas jóvenes han escapado de situaciones extremas en sus países de origen, tales como violencia basada en el género, agresiones físicas, intentos de matrimonio forzado o persecución familiar. A este complejo panorama se añade el miedo constante a sufrir violencia sexual durante su estancia en la ciudad, situación para la que ya se han registrado denuncias y procesos policiales tras su llegada.
Ante esta realidad de alta vulnerabilidad, el Gobierno central contempla la posibilidad de trasladar a unas 500 niñas y jóvenes que se encuentran en estos asentamientos informales hacia centros de acogida en la Península, aunque este procedimiento administrativo aún está en fase de definición.
Únete al canal de WhatsApp de Más que al día
Recibe las alertas de última hora directamente en tu móvil.
UNIRME GRATIS AL CANALLa situación migratoria que comenzó a finales de julio en Ceuta ha evidenciado una grave falta de protección para las mujeres y menores presentes en la ciudad autónoma. Por el miedo constante a ser agredidas sexualmente en espacios públicos —expresado por una menor de 17 años que reconoce temer una violación—, aproximadamente 300 mujeres y niñas migrantes se refugian en campamentos improvisados, como el ubicado en el campo de fútbol Sala El Cudia, en el barrio del Príncipe, en busca de un ambiente seguro que no encuentran en la calle.
Este asentamiento, rodeado por vallas y cubierto con lonas, se creó sin respaldo oficial como una iniciativa vecinal para brindar cuidado, comida y acceso a higiene. Los residentes y voluntarios locales han asumido funciones de asistencia y patrullaje durante la noche en el perímetro, con el fin de impedir el acercamiento de personas, habiendo incautado cuchillos y otros objetos peligrosos en semanas recientes. Las mujeres que no acceden a estos refugios suelen pasar la noche agrupadas en áreas boscosas o urbanas, intentando cuidarse mutuamente.
Las declaraciones recogidas en el lugar indican que la mayoría de estas jóvenes han escapado de situaciones extremas en sus países de origen, tales como violencia basada en el género, agresiones físicas, intentos de matrimonio forzado o persecución familiar. A este complejo panorama se añade el miedo constante a sufrir violencia sexual durante su estancia en la ciudad, situación para la que ya se han registrado denuncias y procesos policiales tras su llegada.
Ante esta realidad de alta vulnerabilidad, el Gobierno central contempla la posibilidad de trasladar a unas 500 niñas y jóvenes que se encuentran en estos asentamientos informales hacia centros de acogida en la Península, aunque este procedimiento administrativo aún está en fase de definición.

















