En España, el coste de los alimentos ha subido un 31,8% desde diciembre de 2021, sobrepasando ampliamente la subida general del coste de vida, que fue del 18%. Además, este incremento ha superado el aumento de la remuneración bruta por trabajador, que según datos del Banco Central Europeo (BCE) alcanzó un 20,7% en el mismo intervalo. En términos relativos, los precios alimentarios han crecido 11,1 puntos porcentuales más que los salarios, lo que representa un aumento del 54% por encima.
Esta diferencia ha generado una reducción importante en el poder de compra de los sueldos frente a la cesta de la compra. Ciertos productos han registrado aumentos aún mayores, como los zumos (56,1%), el azúcar, confitería y postres (46,2%), el café (40,6%), los lácteos (37,8%), las frutas (35,7%) y las hortalizas (33,7%).
Consecuencias sobre el poder adquisitivo
Un estudio del BCE indica que España es el cuarto país en la Unión Europea donde más ha caído la capacidad de compra de los salarios en relación con la cesta básica, solo detrás de Dinamarca, Italia y Estonia. Cabe señalar que estos datos deben interpretarse con precaución debido a la falta de información desglosada para países como Alemania o Francia.
El BCE también ha resaltado el papel relevante de los precios de los alimentos en la percepción de la inflación por parte de los consumidores. Los gastos en alimentación y bebidas representan un 16% del consumo medio de una familia, siendo esta proporción mayor en hogares con menor nivel de ingresos. Los precios de los alimentos están muy presentes para las familias, ya que se actualizan frecuentemente y se observan semanalmente en las compras.
Disminución en el gasto de los hogares
Según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, el gasto real en alimentos se situaba un 11,5% por debajo de los niveles de 2021, descontando el efecto de la inflación. En detalle, el presupuesto destinado a pescado ha bajado un 20% desde 2021, el gasto en café disminuyó un 19%, en hortalizas un 15,6%, en frutas un 12,5% y en carne un 10,5%.
Esta situación ha impulsado a muchas familias a reducir su consumo debido a la pérdida de poder adquisitivo. La sensación de que los precios al consumo se han incrementado más de lo real se explica porque los compradores asocian la subida del coste de vida principalmente a lo que perciben en el supermercado.
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