El progreso de Vox en las elecciones autonómicas de Aragón ha vuelto a complicar la estrategia del Partido Popular (PP). Aunque el PP resultó ganador, su capacidad para gobernar depende cada vez más de la formación liderada por Santiago Abascal. Además, estos comicios reflejan un notable desgaste del PSOE, cuyo retroceso ha sido especialmente significativo para su candidata, Pilar Alegría.
El segundo tramo del ciclo electoral autonómico, que comenzó en Extremadura, culminó en Aragón con una victoria moderada para el PP. El presidente regional, Jorge Azcón, que adelantó las elecciones, logró mantener el gobierno, aunque con dos escaños menos que en la legislatura previa. Esta reducción obliga al PP a buscar apoyos de Vox para formar gobierno, una situación similar a la que se repite en otras comunidades.
Vox ha duplicado sus escaños y sigue siendo clave para lograr la gobernabilidad. Su crecimiento le permite influir en los pactos del PP, que depende de su apoyo o abstención para asegurar la investidura. De abstenerse Vox, la suma de PSOE, Teruel Existe, IU-Sumar y la Chunta Aragonesista superaría al bloque popular.
El auge de Vox fortalece la posición de negociación de Santiago Abascal, quien desde Madrid marca el ritmo de las conversaciones. La formación exige al PP modificaciones en ciertas políticas a cambio de facilitar la formación de gobiernos, en un proceso que podría prolongarse.
Por otro lado, el PSOE sufrió pérdidas significativas. Pilar Alegría perdió cinco escaños, dejando al partido con 18 diputados, su peor resultado en Aragón desde 2015. Este descenso es interpretado como un reflejo del desgaste del Gobierno de Pedro Sánchez, más aún teniendo en cuenta la cercanía de Alegría con el presidente. La candidata socialista reconoció la derrota y prometió una oposición constructiva.
Los resultados evidencian un desplazamiento del voto hacia la derecha: el 52 % de los electores eligió a PP o Vox. Desde Génova destacan que el PP sigue siendo la fuerza más votada, aunque reconocen que el crecimiento de Vox complica la formación de gobiernos estables.
Se considera que el denominado “voto del cabreo” contra el Gobierno central benefició a Vox, según análisis internos del PP. La formación de Feijóo intentó captar esos votos útiles, sin conseguir detener el avance de Vox.
El calendario electoral añade presión a ambas formaciones. Tras Aragón, las elecciones en Castilla y León, previstas para el 15 de marzo, tampoco parecen dar una mayoría clara al PP, seguidas por las andaluzas. El resultado aragonés abre una nueva etapa de negociaciones y plantea incertidumbre sobre el equilibrio de fuerzas en la derecha española en los próximos meses.
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