WASHINGTON — La relación tensa entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los medios de comunicación ha sumado un nuevo episodio. Según reveló el diario The New York Times, el mandatario ha sugerido en varias reuniones privadas la idea de demoler la actual sala de prensa de la Casa Blanca para instalar en ese lugar una piscina, llegando a decir que dicha reforma sería su «último legado» en el complejo presidencial.
Fuentes citadas por el rotativo neoyorquino indican que Trump compartió esta propuesta en diversas ocasiones con su exsecretaria de Prensa, Karoline Leavitt —quien dimitió en agosto pasado—, aunque hasta ahora el proyecto no se ha concretado. De llevarse a cabo, eliminar la sala James S. Brady representaría, efectivamente, la salida de los periodistas del Ala Oeste, rompiendo una tradición de más de cincuenta años de cobertura periodística cercana al Despacho Oval.
El regreso al espacio de Roosevelt
Este plan implicaría restaurar la distribución original del área. En 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir en esa zona una piscina cubierta como parte del tratamiento para la poliomielitis que padecía. Décadas después, en 1970 bajo la presidencia de Richard Nixon, la piscina fue cubierta y sobre ella se instaló la sala de prensa que se utiliza actualmente.
Desde su llegada a la presidencia, el equipo de Trump ha considerado en varias ocasiones trasladar a los periodistas al cercano Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, una medida que genera preocupación entre las asociaciones de prensa, que ven la presencia de los reporteros dentro de la Casa Blanca como un símbolo histórico de la libertad de prensa garantizada por la Constitución estadounidense.
Esta propuesta de reforma arquitectónica surge en un contexto de abierta confrontación con ciertos medios. El presidente enfrenta batallas legales para impedir el acceso a la Casa Blanca a periodistas de cadenas como CNN o portales como Politico, mientras avanza con las remodelaciones en la residencia presidencial, en la que ya ordenó demoler el Ala Este para construir un gran salón de actos.
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Fuentes citadas por el rotativo neoyorquino indican que Trump compartió esta propuesta en diversas ocasiones con su exsecretaria de Prensa, Karoline Leavitt —quien dimitió en agosto pasado—, aunque hasta ahora el proyecto no se ha concretado. De llevarse a cabo, eliminar la sala James S. Brady representaría, efectivamente, la salida de los periodistas del Ala Oeste, rompiendo una tradición de más de cincuenta años de cobertura periodística cercana al Despacho Oval.
El regreso al espacio de Roosevelt
Este plan implicaría restaurar la distribución original del área. En 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir en esa zona una piscina cubierta como parte del tratamiento para la poliomielitis que padecía. Décadas después, en 1970 bajo la presidencia de Richard Nixon, la piscina fue cubierta y sobre ella se instaló la sala de prensa que se utiliza actualmente.
Desde su llegada a la presidencia, el equipo de Trump ha considerado en varias ocasiones trasladar a los periodistas al cercano Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, una medida que genera preocupación entre las asociaciones de prensa, que ven la presencia de los reporteros dentro de la Casa Blanca como un símbolo histórico de la libertad de prensa garantizada por la Constitución estadounidense.
Esta propuesta de reforma arquitectónica surge en un contexto de abierta confrontación con ciertos medios. El presidente enfrenta batallas legales para impedir el acceso a la Casa Blanca a periodistas de cadenas como CNN o portales como Politico, mientras avanza con las remodelaciones en la residencia presidencial, en la que ya ordenó demoler el Ala Este para construir un gran salón de actos.
WASHINGTON — La relación tensa entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los medios de comunicación ha sumado un nuevo episodio. Según reveló el diario The New York Times, el mandatario ha sugerido en varias reuniones privadas la idea de demoler la actual sala de prensa de la Casa Blanca para instalar en ese lugar una piscina, llegando a decir que dicha reforma sería su «último legado» en el complejo presidencial.
Fuentes citadas por el rotativo neoyorquino indican que Trump compartió esta propuesta en diversas ocasiones con su exsecretaria de Prensa, Karoline Leavitt —quien dimitió en agosto pasado—, aunque hasta ahora el proyecto no se ha concretado. De llevarse a cabo, eliminar la sala James S. Brady representaría, efectivamente, la salida de los periodistas del Ala Oeste, rompiendo una tradición de más de cincuenta años de cobertura periodística cercana al Despacho Oval.
El regreso al espacio de Roosevelt
Este plan implicaría restaurar la distribución original del área. En 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir en esa zona una piscina cubierta como parte del tratamiento para la poliomielitis que padecía. Décadas después, en 1970 bajo la presidencia de Richard Nixon, la piscina fue cubierta y sobre ella se instaló la sala de prensa que se utiliza actualmente.
Desde su llegada a la presidencia, el equipo de Trump ha considerado en varias ocasiones trasladar a los periodistas al cercano Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, una medida que genera preocupación entre las asociaciones de prensa, que ven la presencia de los reporteros dentro de la Casa Blanca como un símbolo histórico de la libertad de prensa garantizada por la Constitución estadounidense.
Esta propuesta de reforma arquitectónica surge en un contexto de abierta confrontación con ciertos medios. El presidente enfrenta batallas legales para impedir el acceso a la Casa Blanca a periodistas de cadenas como CNN o portales como Politico, mientras avanza con las remodelaciones en la residencia presidencial, en la que ya ordenó demoler el Ala Este para construir un gran salón de actos.
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Fuentes citadas por el rotativo neoyorquino indican que Trump compartió esta propuesta en diversas ocasiones con su exsecretaria de Prensa, Karoline Leavitt —quien dimitió en agosto pasado—, aunque hasta ahora el proyecto no se ha concretado. De llevarse a cabo, eliminar la sala James S. Brady representaría, efectivamente, la salida de los periodistas del Ala Oeste, rompiendo una tradición de más de cincuenta años de cobertura periodística cercana al Despacho Oval.
El regreso al espacio de Roosevelt
Este plan implicaría restaurar la distribución original del área. En 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir en esa zona una piscina cubierta como parte del tratamiento para la poliomielitis que padecía. Décadas después, en 1970 bajo la presidencia de Richard Nixon, la piscina fue cubierta y sobre ella se instaló la sala de prensa que se utiliza actualmente.
Desde su llegada a la presidencia, el equipo de Trump ha considerado en varias ocasiones trasladar a los periodistas al cercano Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, una medida que genera preocupación entre las asociaciones de prensa, que ven la presencia de los reporteros dentro de la Casa Blanca como un símbolo histórico de la libertad de prensa garantizada por la Constitución estadounidense.
Esta propuesta de reforma arquitectónica surge en un contexto de abierta confrontación con ciertos medios. El presidente enfrenta batallas legales para impedir el acceso a la Casa Blanca a periodistas de cadenas como CNN o portales como Politico, mientras avanza con las remodelaciones en la residencia presidencial, en la que ya ordenó demoler el Ala Este para construir un gran salón de actos.
















