El presidente estadounidense describe a Cuba como una «nación debilitada» y plantea una «toma de control amistosa» aprovechando la crisis energética y económica que afecta al país caribeño.
En un nuevo giro en su política internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó este martes desde el Despacho Oval un pronunciamiento claro y ambicioso acerca del futuro de Cuba. El mandatario afirmó ante los medios: «Considero que puedo actuar libremente con la isla», intensificando las especulaciones relativas a una posible operación de control en la región del Caribe.
Trump no especificó detalles legales o militares respecto a esta posible iniciativa, pero enfatizó la idea de una «toma de control amistosa». Según sus palabras, Cuba enfrenta una situación de gran fragilidad, calificándola como una «nación muy debilitada» que ya mantiene canales de comunicación abiertos con Washington debido a su delicado estado interno.
Fundamentos desde la Casa Blanca
La argumentación presentada por Trump se basó en tres puntos clave para respaldar su postura:
- Crisis interna: El presidente resaltó que actualmente Cuba carece de recursos, mencionando los apagones generalizados y la escasez de combustible como indicadores de la inviabilidad del sistema vigente.
- Potencial turístico: Trump expresó su interés empresarial en la isla, destacando el considerable atractivo turístico de sus costas que podría aprovecharse con un cambio en la administración.
- Crítica histórica: Reafirmó su opinión crítica hacia el legado de Fidel Castro, describiendo a los líderes revolucionarios anteriores como «muy violentos» y contrastándolos con el espíritu «emprendedor» de la comunidad cubana que reside en el exilio.
Una isla sumida en la oscuridad
Estas palabras surgen en un momento en que La Habana enfrenta uno de sus periodos más delicados en décadas. El sistema eléctrico cubano ha sufrido múltiples apagones completos en las últimas semanas, dejando a la población sin suministro eléctrico y agravando una crisis de subsistencia que incrementa el malestar social.
Desde el Gobierno cubano, la respuesta oficial ha sido una firme defensa de la soberanía nacional, calificando cualquier alusión a una «toma de control» como una flagrante violación del derecho internacional. No obstante, la presión ejercida por Washington, complementada con la asfixia económica, coloca a la isla en un escenario de incertidumbre considerable.
Repercusión internacional
Expertos en diplomacia advierten que la expresión «toma de control amistosa» carece de base legal y podría interpretarse como una amenaza de anexión o intervención supervisada. En un contexto global ya tensionado por el conflicto en Oriente Próximo, las declaraciones de Trump generan un nuevo foco de inestabilidad, ubicado apenas a 90 millas de las costas de Florida.
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