Francia atravesó una jornada de protestas sociales de gran magnitud, sobresaliendo como uno de los episodios de disturbios más significativos desde las manifestaciones de los ‘chalecos amarillos’ en 2018. Las movilizaciones tuvieron lugar el sábado a nivel nacional y fueron apoyadas por estudiantes, sindicatos, ‘chalecos amarillos’ y agricultores, dejando un saldo de un fallecido, 1.200 arrestados y 150 miembros de las fuerzas de seguridad heridos.
En París, la ciudad donde se concentraron las protestas, una persona perdió la vida tras sufrir una parada cardiorrespiratoria en medio de los incidentes. Según informó la Prefectura, la cifra de detenidos en la capital alcanzó los 855 hasta la mañana del domingo. Además, 13 policías y gendarmes y dos bomberos resultaron lesionados en la ciudad.
Responsabilidad política y medidas gubernamentales
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, responsabilizó a la izquierda radical por los actos violentos, calificándolos como una maniobra política. Durante una rueda de prensa, Lecornu señaló que el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha instruido a los fiscales para que soliciten prisión provisional para los detenidos, describiéndolos como personas con «perfiles particularmente violentos y peligrosos».
Aunque la manifestación principal en París, que congregó a 110.000 asistentes, transcurrió sin incidentes mayores, la jornada estuvo marcada por episodios de violencia, saqueos y daños materiales en diferentes zonas de la ciudad.
Impacto en otras ciudades francesas
En el resto del territorio francés, los disturbios dejaron imágenes destacadas, como el Ayuntamiento de Limoges envuelto en llamas. El alcalde de Limoges, Guillaume Guérin, condenó el ataque y aseguró que el edificio, inaugurado en 1883, quedó prácticamente destruido, aunque los servicios municipales continuarán operando.
Otros hechos incluyeron la quema de una oficina de turismo en Lyon y daños en un edificio universitario en Ruán. En Burdeos, la residencia de la prefecta fue asaltada. Los alcaldes de París, Marsella y Lyon han solicitado una reunión con el primer ministro debido a la gravedad de los daños y la situación.
Asistencia masiva y respuesta del gobierno
Las marchas reunieron entre 550.000 y 800.000 personas en todo el país, superando considerablemente las previsiones oficiales, que habían calculado una participación máxima de 150.000 personas. La violencia y los ataques a edificios públicos, como el incendio del Ayuntamiento de Limoges, causaron sorpresa por su intensidad y alcance.
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