La Comisión Europea continuará con el sistema vigente de alternancia horaria durante los próximos cinco años, mientras elabora un nuevo informe técnico para facilitar una decisión definitiva sobre la adopción permanente del horario de verano o de invierno.
Este fin de semana, España repetirá su práctica habitual de modificar los relojes. En la madrugada del sábado 28 al domingo 29, los relojes se adelantarán una hora, marcando el cambio del horario de invierno al de verano. Esta costumbre, implementada en España desde 1974, busca aprovechar mejor la luz natural y optimizar el consumo energético dentro del contexto europeo.
No obstante, la continuidad de este sistema está siendo objeto de un intenso debate en Bruselas. Aunque existe un consenso general en la Unión Europea sobre la conveniencia de eliminar la alternancia horaria, la ausencia de acuerdo entre los Estados miembros respecto a qué horario mantener de forma permanente —ya sea el de verano o el de invierno— ha generado un estancamiento político que impide avanzar rápidamente.
Una revisión técnica en curso
La motivación original para este cambio, el ahorro energético surgido en los años setenta, ha disminuido su relevancia con el paso del tiempo. Estudios recientes indican que el impacto en el consumo eléctrico es prácticamente insignificante, lo que ha impulsado las demandas para eliminar definitivamente el cambio de hora.
Frente a la falta de consenso, la Comisión Europea ha optado por mantener la normativa vigente. Se ha establecido oficialmente el calendario de los cambios de hora hasta 2031, asegurando la estabilidad del sistema durante al menos los próximos cinco años y otorgando plazo para alcanzar una solución política que satisfaga a todos los países miembros.
Perspectivas para 2026 y 2031
La Comisión, liderada por Ursula von der Leyen, continúa trabajando en una reforma del sistema. Está elaborando un informe exhaustivo que evaluará los efectos reales y las posibles alternativas de aplicación. Se espera que este documento se publique a finales de 2026, sirviendo como base técnica para reactivar el debate parlamentario y acercar las posiciones divergentes entre los Estados miembros.
El desafío principal radica en seleccionar el modelo final. Algunos países prefieren mantener permanentemente el horario de verano, mientras otros optan por el horario de invierno, que consideran más beneficioso para la salud y la eficiencia. Esta diferencia de posturas ha bloqueado la aprobación definitiva del proyecto.
Si no se llega a un acuerdo antes, la Unión Europea deberá reconsiderar íntegramente el sistema a partir de 2031. El objetivo sigue siendo adoptar una decisión final que permita superar un problema que lleva años sin resolverse en las instituciones comunitarias, definiendo cómo se gestionará el tiempo en Europa para la próxima década.
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