La detención de Nicolás Maduro en una operación precisa ha marcado el comienzo de una nueva etapa en la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela. Durante la administración de Donald Trump, la Casa Blanca ha dejado claro que su objetivo principal no es la restauración democrática del país, sino la consolidación del control estratégico, la seguridad regional y la reorganización de sus extensas reservas petroleras.
La supervisión de la transición encabezada por Delcy Rodríguez
En este nuevo escenario, Delcy Rodríguez se posiciona como la protagonista de un proceso de transición estrictamente controlado por Washington. Aunque no representa una aliada natural, la administración Trump la considera una «herramienta útil» para estabilizar la nación bajo tres condiciones claras: ejecutar una campaña contundente contra las rutas de narcotráfico hacia el norte, eliminar de inmediato la presencia de agentes de Irán y Cuba en el país, y detener la venta de crudo a naciones adversas a Estados Unidos.
Desde el Air Force One, el mensaje ha sido firme: Washington ejerce un fuerte control sobre el gobierno interino y mantiene abierta la opción de un nuevo despliegue militar si Caracas incumple los acuerdos establecidos. Trump no oculta su disposición a utilizar la fuerza, considerando que la captura de Maduro en el centro de la capital confirma su capacidad para actuar en cualquier momento y lugar.
Los protagonistas clave: Rubio y Wright
La implementación de esta política, que algunos analistas ven como una actualización de la Doctrina Monroe, está a cargo de dos figuras fundamentales. Por una parte, el secretario de Estado Marco Rubio, responsable de desbaratar la influencia de Hizbulá e Irán en la región. Por otra, el secretario de Energía Chris Wright, designado para coordinar con empresas como Exxon Mobil y ConocoPhillips la recuperación de la industria petrolera venezolana. La meta es que Venezuela pueda retomar una producción significativa en menos de 18 meses, contribuyendo a la estabilización de los precios de la gasolina en Estados Unidos.
Petróleo y Realpolitik: ¿Qué papel juega la democracia?
A diferencia de administraciones anteriores, la actual reconoce que hablar de elecciones libres resulta «prematuro» en este momento. El enfoque está en mantener la estabilidad y evitar que Venezuela continúe siendo un terreno de confrontación entre potencias extranjeras rivales. Aunque se contempla la eventual reapertura de la embajada, no existen planes inmediatos para una liberación masiva de presos políticos ni para el envío de ayuda humanitaria a gran escala.
Un contexto interno delicado
Delcy Rodríguez enfrenta el desafío de equilibrar dos posturas: mostrar rechazo público ante la captura de Maduro, a la vez que mantiene negociaciones discretas con Washington. A su lado, líderes como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López aún conservan poder y comandancias, conformando lo que fuentes estadounidenses describen como un verdadero «nido de víboras». La Casa Blanca apuesta a que la presión sobre los bienes de estos dirigentes en países como Turquía y Doha funcione como instrumento para asegurar una Venezuela que, aunque no libre a corto plazo, esté estrictamente alineada con sus intereses.











