La detención de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como ‘El Mencho’, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y uno de los delincuentes más buscados a nivel mundial, ha puesto al descubierto una red de traiciones como las de una película. De acuerdo con informes de inteligencia consultados por ABC, la clave que permitió a las autoridades mexicanas y estadounidenses ubicar el escondite del capo no fue una falla en su sistema de seguridad armada, sino la colaboración de su pareja sentimental.
Durante varios años, ‘El Mencho’ permaneció como un fugitivo en las zonas montañosas de Jalisco, Michoacán y Colima, protegido por una barrera de seguridad sólida y un entramado de corrupción profundo. No obstante, la persistente presión ejercida por la DEA y las fuerzas especiales mexicanas sobre su entorno familiar terminó por romper la lealtad de su círculo cercano. Las pesquisas indican que su pareja, agotada por el continuo asedio y buscando beneficios legales o protección para sus hijos, proporcionó información detallada sobre sus rutinas médicas. Oseguera Cervantes sufría de insuficiencia renal crónica que lo obligaba a recibir atención constante.
Esta información interna permitió a las tropas de élite llevar a cabo un operativo muy preciso y sin precedentes. A diferencia de intentos anteriores fallidos y marcados por enfrentamientos violentos en zonas urbanas, la captura se ejecutó en un contexto controlado, lo que redujo la capacidad de reacción del grupo armado que habitualmente escoltaba al líder del CJNG. La detención de Oseguera Cervantes no solo supone un logro simbólico para el gobierno, sino que también abre un escenario de incertidumbre y posible conflicto interno por el control de la organización criminal más poderosa de México.
La caída del denominado ‘Señor de los Gallos’ representa el fin de un ciclo en el narcotráfico transnacional. Mientras las autoridades analizan la información incautada durante la aprehensión, la atención se centra en la protección de la informante, cuyo nombre permanece bajo estricta confidencialidad. Este caso confirma la teoría de las agencias de inteligencia modernas: en la era tecnológica actual, los imperios criminales mejor protegidos suelen sucumbir debido a las vulnerabilidades humanas dentro de su círculo más cercano.
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