CEUTA. — Después de vivir en condiciones precarias durante un mes en parques, terrenos baldíos y alcantarillas, decenas de jóvenes marroquíes que cruzaron a Ceuta a finales de julio han comenzado su retorno a Marruecos por el paso fronterizo del Tarajal. El agotamiento y la carencia de recursos han llevado a muchos a aceptar el regreso con sentimientos encontrados: alivio por terminar con la incertidumbre y decepción por no haber alcanzado su objetivo. “No me queda otra”, afirma Karim Molahid, uno de los migrantes que ha decidido volver.
Esta vuelta pone de manifiesto una crisis social profunda en el lado marroquí. Khadija Ryadi, expresidenta de la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, señala que estos jóvenes enfrentan una situación socioeconómica complicada: en Marruecos hay aproximadamente tres millones de personas entre 15 y 30 años que ni estudian ni trabajan, con un abandono escolar anual superior a 300.000 niños y un deterioro progresivo de los servicios públicos.
A este contexto se añade un aumento en la vigilancia policial y la censura hacia la actividad digital en las redes sociales del país. A pesar de la sensación de fracaso que les acompaña al cruzar la frontera de regreso, la falta de oportunidades en Marruecos hace que muchos mantengan la esperanza de intentarlo nuevamente, siguiendo considerando a España y Europa como su principal alternativa de futuro.
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Esta vuelta pone de manifiesto una crisis social profunda en el lado marroquí. Khadija Ryadi, expresidenta de la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, señala que estos jóvenes enfrentan una situación socioeconómica complicada: en Marruecos hay aproximadamente tres millones de personas entre 15 y 30 años que ni estudian ni trabajan, con un abandono escolar anual superior a 300.000 niños y un deterioro progresivo de los servicios públicos.
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CEUTA. — Después de vivir en condiciones precarias durante un mes en parques, terrenos baldíos y alcantarillas, decenas de jóvenes marroquíes que cruzaron a Ceuta a finales de julio han comenzado su retorno a Marruecos por el paso fronterizo del Tarajal. El agotamiento y la carencia de recursos han llevado a muchos a aceptar el regreso con sentimientos encontrados: alivio por terminar con la incertidumbre y decepción por no haber alcanzado su objetivo. “No me queda otra”, afirma Karim Molahid, uno de los migrantes que ha decidido volver.
Esta vuelta pone de manifiesto una crisis social profunda en el lado marroquí. Khadija Ryadi, expresidenta de la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, señala que estos jóvenes enfrentan una situación socioeconómica complicada: en Marruecos hay aproximadamente tres millones de personas entre 15 y 30 años que ni estudian ni trabajan, con un abandono escolar anual superior a 300.000 niños y un deterioro progresivo de los servicios públicos.
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Esta vuelta pone de manifiesto una crisis social profunda en el lado marroquí. Khadija Ryadi, expresidenta de la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, señala que estos jóvenes enfrentan una situación socioeconómica complicada: en Marruecos hay aproximadamente tres millones de personas entre 15 y 30 años que ni estudian ni trabajan, con un abandono escolar anual superior a 300.000 niños y un deterioro progresivo de los servicios públicos.
A este contexto se añade un aumento en la vigilancia policial y la censura hacia la actividad digital en las redes sociales del país. A pesar de la sensación de fracaso que les acompaña al cruzar la frontera de regreso, la falta de oportunidades en Marruecos hace que muchos mantengan la esperanza de intentarlo nuevamente, siguiendo considerando a España y Europa como su principal alternativa de futuro.

















