Recientemente, las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo la interceptación y confiscación de un segundo petrolero en aguas internacionales del mar Caribe, frente a las costas venezolanas. Esta operación ha sido documentada por varias agencias noticiosas, como ABC News y Reuters, que citaron a tres funcionarios del gobierno de Estados Unidos.
El Ejército estadounidense brindó apoyo logístico durante esta misión, empleando helicópteros para movilizar personal de la Guardia Costera hacia el barco interceptado y supervisar su incautación. NBC News resaltó el rol conjunto de las distintas divisiones militares en esta acción decisiva.
Esta incautación se suma a una acción similar efectuada la semana anterior, cuando Estados Unidos confiscó otro petrolero que había partido desde Venezuela. Ese buque estaba sujeto a sanciones y transportaba petróleo que fue retenido por las autoridades estadounidenses. Estas medidas forman parte de una estrategia más amplia destinada a presionar al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
La región ha visto un aumento en la tensión tras estas operaciones. Recientemente, el presidente Donald Trump anunció un bloqueo a todos los petroleros sancionados, tanto los que ingresan como los que salen de Venezuela. Esta política apunta a restringir aún más la capacidad del gobierno venezolano para exportar su principal producto energético.
Las autoridades estadounidenses justifican estas acciones como parte de su labor de mantener la legalidad y seguridad en aguas internacionales del Caribe, señalando que los buques sancionados no deben operar sin restricciones. Por su parte, Venezuela ha condenado estas incautaciones, interpretándolas como una violación a su soberanía nacional.
El gobierno de Maduro ha advertido que estas operaciones podrían provocar un incremento en las tensiones regionales, generando inquietud entre analistas internacionales respecto a las posibles consecuencias de esta política estadounidense más agresiva.
A medida que continúan estos operativos, también surgen preocupaciones sobre cómo podrían afectar las relaciones entre Estados Unidos y otras naciones del Caribe. Algunos países han expresado su alarma ante la posibilidad de que estas acciones conduzcan a un conflicto mayor, destacando que el despliegue militar de la Guardia Costera podría alterar la seguridad regional.
A pesar de los riesgos, la administración Trump ha reiterado su compromiso con una política de máxima presión sobre el gobierno de Maduro, al que considera ilegítimo. Este enfoque busca limitar la integración de los recursos naturales venezolanos en mercados internacionales, debilitando su economía.











