Londres, París y Berlín articulan una respuesta defensiva frente a la escalada con Irán. El Ejecutivo de Keir Starmer autoriza el uso limitado de sus bases, pero rechaza involucrarse en un cambio de régimen.
Ante el conflicto abierto entre la Administración Trump, Israel e Irán, el Reino Unido intenta equilibrar su alianza estratégica con Estados Unidos sin aislarse de sus socios europeos ni revivir los errores de la invasión de Irak en 2003. El primer ministro británico, Keir Starmer, busca ahora el apoyo de Francia y Alemania para respaldar cualquier acción dentro de un marco estrictamente preventivo.
El recuerdo de Irak y las restricciones de Londres
Para el Reino Unido, cada movimiento en Oriente Próximo evoca las heridas del periodo Blair. Por eso, Starmer ha sido claro al distanciarse de la retórica de Washington: “Este Gobierno no cree que sea posible un cambio de régimen desde el aire”, afirmó el primer ministro británico.
Aunque Londres ha accedido a que Estados Unidos utilice bases como las de Chipre para operaciones específicas y limitadas, ha precisado que no participó en los bombardeos iniciales en suelo iraní y que se centra en interceptar drones y misiles para salvaguardar a sus aliados y activos en la región.
Una coalición europea de respuestas proporcionadas
Londres comparte esta postura cautelosa. En una declaración conjunta, el Reino Unido, Francia y Alemania —el llamado E3— manifestaron su disposición a tomar “medidas defensivas necesarias y proporcionales”. La estrategia de estos países se articula en tres líneas:
- Neutralización en origen: Los tres gobiernos estiman que frenar la amenaza exige desactivar misiles y drones iraníes antes de su lanzamiento, atacando depósitos o plataformas si es necesario.
- Protección de activos: Alemania ha confirmado la protección de sus fuerzas desplegadas en el Golfo, aunque ha descartado participar en ofensivas junto a EE. UU. e Israel.
- Coordinación con EE. UU.: Pese a criticar la falta de consultas previas en los ataques recientes, los socios europeos reconocen la necesidad de sincronizar sus acciones con Washington para evitar un conflicto mayor.
Diplomacia frente a la confrontación
Mientras Estados Unidos garantiza un suministro ilimitado de armamento, las capitales europeas intentan mantener abiertos los canales diplomáticos con Pekín. El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, ha señalado que tanto París como Pekín tienen una «responsabilidad especial» en el Consejo de Seguridad de la ONU para promover la estabilidad, subrayando que las medidas unilaterales de Washington carecieron de respaldo internacional.
Así, la posición europea combina vigilancia armada con cautela: dispuestos a responder en caso de ataque, pero escépticos sobre una guerra que pretenda conquistar o transformar políticamente Teherán, y que consideran destinada al fracaso.
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