Ceuta posee un marco fiscal único y una ubicación estratégica excepcional. Por esta razón, su progreso económico requiere de instituciones robustas, con funciones distintas pero complementarias. La coexistencia institucional no es un tema menor: representa una condición indispensable para avanzar en la siguiente etapa económica de la ciudad.
Este territorio no es uno cualquiera. Su estatus extrapeninsular, su localización en el Estrecho de Gibraltar y el reconocimiento especial dentro del contexto europeo han propiciado un régimen fiscal particular, producto de años de colaboración entre entidades institucionales y el sector empresarial.
Dada esta singularidad, resulta esencial que nuestras instituciones económicas actúen de forma complementaria, evitando duplicidades.
Por ejemplo, la Confederación de Empresarios y la Cámara de Comercio cumplen roles diferentes. Mientras la Confederación representa y canaliza la voz colectiva del empresariado, la Cámara desarrolla labores público-corporativas, educativas y de promoción comercial. Ambas son imprescindibles y aportan beneficios, pero no son intercambiables.
En un entorno pequeño como el de Ceuta, aglutinar responsabilidades estratégicas sin definir claramente las funciones puede derivar en riesgos más allá de lo político, afectando a la estrategia.
La diversidad institucional asegura mayor capacidad de diálogo, amplía los puntos de vista en la toma de decisiones, fomenta independencia organizativa y favorece un equilibrio interno adecuado. En economías de menor tamaño, la diversidad en el liderazgo no genera fragmentación, sino fortaleza.
Ceuta requiere instituciones sólidas y claramente diferenciadas en sus competencias.
La Confederación debe enfocarse en la representación estratégica del empresariado, en la interlocución respecto a políticas fiscales y normativas, y en la defensa de mejoras estructurales para el sector productivo. Actualmente existen metas ambiciosas que demandan dedicación exclusiva y liderazgo especializado.
El régimen fiscal especial reconocido por la Unión Europea sigue vigente y con capacidad para ser ampliado.
Deliberaciones jurídicas previas y márgenes suficientes permiten avanzar hacia medidas como:
• una bonificación del 75% en el Impuesto de Sociedades para actividades estratégicas establecidas en Ceuta;
• la recuperación de un sistema más competitivo de bonificaciones en la Seguridad Social que fomente la estabilidad laboral;
• un marco sólido para atraer inversión tecnológica y servicios avanzados que consolide a Ceuta como un enclave empresarial clave en el sur de Europa.
Estas propuestas no son meras ideas teóricas. Son negociables siempre que exista una estrategia clara, unidad empresarial y un liderazgo centrado exclusivamente en el interés común del sector productivo.
Para lograr mejoras estructurales tan relevantes, es fundamental que cada institución desempeñe su papel con autonomía y especialización. La concentración excesiva de responsabilidades puede dispersar prioridades, provocar duplicidad de funciones y debilitar la capacidad de negociación frente a organismos superiores.
Ceuta no necesita reducir sus instituciones, sino fortalecerlas, especializarlas y definir claramente sus objetivos.
El crecimiento económico de la ciudad depende de ampliar las ventajas fiscales, recuperar incentivos para el empleo y consolidar sectores clave. Para ello, es esencial que la representación empresarial conserve independencia, pluralidad y ambición.
El verdadero asunto no es quién ocupa un cargo, sino qué modelo institucional será el más adecuado para promover la siguiente etapa económica de Ceuta.
— Juan Goñi Senra
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