Un estudio coordinado por Harvard y Michigan alerta sobre cómo refrescos y bollería pueden generar dependencia y demanda medidas estrictas para controlar la industria alimentaria.
Este viernes 6 de febrero de 2026, la discusión en salud pública ha cambiado radicalmente. Un artículo difundido en la publicación científica Milbank Quarterly afirma que los alimentos ultraprocesados guardan mayores semejanzas con el tabaco que con alimentos naturales. Los autores sugieren que es momento de abandonar la petición de «moderación» para los consumidores y comenzar a exigir responsabilidades legales a los fabricantes.
La minimización del riesgo: de los filtros a la información nutricional
Este estudio establece un paralelismo histórico entre las técnicas de la industria tabacalera de los años cincuenta y las actuales estrategias alimentarias:
- Publicidad engañosa: Así como los cigarrillos se publicitaban con filtros considerados «más saludables», los ultraprocesados utilizan declaraciones como «bajo en grasa» o «sin azúcar» para ocultar su verdadero impacto.
- Dependencia cerebral: Productos como galletas, snacks salados o refrescos estimulan directamente los circuitos de recompensa del cerebro, promoviéndose un consumo compulsivo difícil de controlar únicamente con fuerza de voluntad.
- Dificultad para dejarlo: Los expertos indican que abandonar esta adicción es más complejo que dejar el tabaco, ya que comer es indispensable para la supervivencia, lo que obliga a que las personas se enfrenten a diario a un entorno alimentario poco saludable.
¿Adicción química o comportamiento aprendido?
La psicóloga Ashley Gearhardt, una de las autoras, señala que varios pacientes que dejaron de fumar ahora se sienten atrapados por alimentos como los donuts o las bebidas azucaradas: «Son conscientes del daño que les producen, desean dejarlo, pero no lo consiguen».
No obstante, el consenso científico no es unánime:
- Opinión de los autores: Consideran que los ultraprocesados cumplen los criterios para ser catalogados como adictivos y proponen aplicar restricciones publicitarias y acciones legales similares a las que enfrentó la industria tabacalera.
- Perspectiva crítica: Algunas voces, como la de Martin Warren del instituto Quadram, llaman a la prudencia. Cuestionan si la dependencia es química (como ocurre con la nicotina) o si se debe más bien a la conveniencia y hábitos sociales, lo que implicaría privilegiar la educación alimentaria sobre las prohibiciones.
Recomendaciones: medidas de regulación estrictas
Los expertos sugieren que la regulación debe orientarse hacia la intervención estructural, en lugar de centrarse exclusivamente en la responsabilidad individual:
- Limitaciones en la publicidad: Especialmente en horarios protegidos y en productos dirigidos a niños y adolescentes.
- Responsabilidad legal: Abrir la vía a litigios contra compañías que diseñan productos para fomentar la dependencia.
- Modificación del entorno: Promover que alimentos poco procesados (frutas, verduras, legumbres) sean más accesibles y asequibles que los ultraprocesados.
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