La detención de Andrés Mountbatten-Windsor el pasado jueves ha marcado un giro significativo hacia asuntos relacionados con la seguridad nacional y la corrupción en el ámbito público. De acuerdo con recientes revelaciones publicadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y reportadas por medios británicos, el ex príncipe habría empleado su cargo como representante especial del Reino Unido para el Comercio Internacional para transmitir información confidencial a Jeffrey Epstein. Los correos electrónicos interceptados evidencian un comportamiento en el que el hermano de Carlos III presuntamente fungía como un conducto de información privilegiada para el empresario estadounidense.
Los documentos indican que, en una ocasión en noviembre de 2010, el entonces duque de York remitió a Epstein informes técnicos y detalles sobre visitas oficiales a lugares clave como Shenzhen (China), Hong Kong, Singapur y Vietnam. Lo más relevante para su defensa es la rapidez de estas filtraciones: los correos muestran que Andrés enviaba estos documentos a la dirección privada de Epstein apenas cinco minutos después de recibirlos de su asistente oficial. Esta prontitud sugiere una relación de cooperación o subordinación que excedía la amistad personal que siempre ha mencionado.
La pesquisa policial, que hoy incluyó registros en sus antiguas residencias en Berkshire y Norfolk, investiga si estos informes contenían información sensible relacionada con inversiones estatales, políticas bancarias británicas —como la situación del RBS tras su rescate— o infraestructuras críticas que Epstein pudo haber aprovechado para su beneficio económico o de terceros. Este posible uso indebido de los recursos públicos ha llevado a imputar al ex príncipe el cargo de “mala conducta en un cargo público”, una infracción que en el Reino Unido conlleva castigos severos por representar una traición a la confianza ciudadana y a la integridad institucional.
Mientras el Palacio de Buckingham mantiene silencio, limitándose a expresar su “profunda preocupación”, el proceso judicial contra el ex príncipe se intensifica por una vía que hasta ahora parecía secundaria al lado de las acusaciones de agresión sexual. Estas nuevas evidencias sugieren que Andrés no solo mantuvo una relación social con un condenado por delitos sexuales, sino que utilizó la estructura diplomática y comercial del Reino Unido para favorecer los intereses de Jeffrey Epstein, convirtiendo este caso en un asunto de Estado que podría afectar de forma duradera la imagen de transparencia de la Corona británica.
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