El mal olor en las zapatillas se localiza principalmente en la plantilla: la humedad, las bacterias y las sales del sudor quedan atrapadas en las fibras, costuras y forros, y es en estas zonas donde es necesario intervenir.
Humedad y bacterias: el origen del problema
Cuando el pie transpira y el calzado no se seca completamente, se genera un ambiente adecuado para que las bacterias descompongan el sudor y produzcan compuestos volátiles responsables del olor.
Las fibras y costuras atrapan estos compuestos, de modo que ventilar sin limpiar o sin un secado eficiente solo retrasa la aparición del olor.
1. Limpieza de las áreas donde se concentra el olor
Quita los residuos sólidos y, si es posible, extrae la plantilla.
- Plantillas: lava a mano aquellas que lo permitan con agua tibia y jabón neutro; si no se pueden mojar, limpia con un paño ligeramente humedecido y deja secar completamente al aire.
- Exterior y costuras: cepilla la suciedad y utiliza una pequeña cantidad de jabón suave cuando el material lo permita; presta especial atención a las costuras, donde la humedad tiende a acumularse.
- Para pieles delicadas (como cuero o gamuza), sigue las recomendaciones del fabricante o limita la limpieza para evitar daños.
2. Secado adecuado: fundamental para evitar la reaparición
El olor vuelve si queda humedad. Deja secar al aire en un lugar ventilado y evita el calor directo que puede deformar los materiales.
Alterna el uso de varios pares: no utilices el mismo calzado en días consecutivos. Coloca papel absorbente o bolsas de gel de sílice dentro del zapato para captar la humedad y reemplázalos cuando estén saturados.
3. Técnicas para neutralizar el olor
Después de limpiar y secar, disminuye la proliferación bacteriana y los olores con métodos comprobados.
Ventilación continua
Después de cada uso, extrae las plantillas y permite que el interior respire, facilitando la circulación del aire para evitar la multiplicación de bacterias.
Desodorizantes en seco
- Bicarbonato: esparce una capa moderada en el interior, deja actuar varias horas y elimina el exceso antes de ventilar.
- Carbón activado o absorbentes comerciales: son efectivos para el mantenimiento regular sin humedecer el calzado.
Antes de aplicar, prueba en una zona discreta para asegurarte de que el material no se manche o pierda color.
Limpieza puntual de plantillas y tejidos
Si las plantillas pueden lavarse, enjuágalas bien y sécalas por completo antes de volver a utilizarlas. Aquellas muy usadas o endurecidas acumulan olor y conviene reemplazarlas.
Medidas adicionales recomendables
- Calcetines apropiados: los tejidos técnicos o la lana merina absorben y evacuan la humedad mejor que el algodón, reduciendo la sudoración local.
- Sprays desodorantes: sigue las indicaciones de uso y selecciona fórmulas que no aporten humedad.
- Rotación y cuidado: alterna los pares y ventila el calzado tras cada uso.
Cuándo buscar ayuda
Si el olor persiste intensamente a pesar de la limpieza y el secado, pueden existir otras causas como plantillas deterioradas o condiciones de la piel que aumentan la sudoración. En ese caso, consulta a un podólogo o un especialista sanitario.
Rutina eficaz y sostenible
- Limpieza según sea necesario, evitando el exceso de agua.
- Secado y ventilación constantes, además de alternar el calzado.
- Desodorización en seco periódica y reemplazo de plantillas muy usadas.
Siguiendo estas recomendaciones, el mal olor dejará de ser un inconveniente habitual y el calzado conservará su comodidad y durabilidad.
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