Han pasado dos meses desde la llegada masiva de migrantes a Ceuta, período en el que las Fuerzas de Seguridad han expulsado a 449 extranjeros por diversas infracciones. Este escenario ha dejado enseñanzas significativas sobre cómo manejar grandes grupos y ha puesto de manifiesto problemas de coordinación entre organismos de seguridad, lo que llevó al cese del delegado del Gobierno y su jefe de gabinete.
Los agentes antidisturbios finalizaron el desalojo de la playa de Benítez, trasladando a los migrantes en grupos reducidos hacia el asentamiento de Loma Colmenar. Durante este proceso, varios migrantes eligieron regresar a Marruecos. La situación en Ceuta ha pasado de ser una crisis de seguridad ciudadana a una de carácter humanitario, aunque ambas continúan presentes.
Según la Guardia Civil, los migrantes están retornando a Marruecos a un ritmo de dos dígitos diarios, debido al cansancio físico y psicológico, además de la reducción en el apoyo económico y logístico desde el lado marroquí. Hasta la fecha, 7.794 personas han vuelto voluntariamente y 310 han retirado su solicitud de asilo. En total, se contabilizan 8.243 regresos, sumando las 449 expulsiones.
Quienes permanecen en Ceuta enfrentan una situación de estancamiento en los campamentos, donde algunos grupos buscan controlar la ayuda y presionar a sus compatriotas. A pesar de la tensión, los casos de tráfico de drogas entre migrantes han sido limitados, con solo dos detenidos por menudeo de hachís.
Las Fuerzas de Seguridad calculan que entre 3.000 y 3.500 migrantes continúan sin alojamiento, mientras que más de 3.200 adultos han sido registrados. Seis campamentos acogen a unas 6.000 personas, y se prevé habilitar un nuevo espacio en terrenos de Instituciones Penitenciarias próximos a la prisión de Ceuta.
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